Rotarios demostraron que la solidaridad traspasa fronteras y que la esperanza se hace evidente el momento en que se piensa en los demás.

Su alegría era evidente. Sus manos se convirtieron en el mejor impulso y, sin pensarlo, comenzó a movilizarse cual pequeño en su bólido nuevo.
“Ve, es más rápida, liviana e inclusive me va a servir para poder entrar en lugares que antes no podía. Ahora si ‘vieja’ vamos a la casa”, señaló con emoción Fausto Andrade de 68 años luego de recibir una nueva silla de ruedas.
La tristeza que un día lo llevó a sumergirse en un espacio del que no pensó salir, no lo afectaba. No solamente era el hecho de recibir ayuda, también lo llenaba de emoción el ver cómo otras personas, algunos de ellos su amigos; niños y jóvenes, así como abuelitas y personas de la tercera edad accedía a ese beneficio.
“La mejor forma de decir gracias, es una gran sonrisa y no se trata de que ellos nos agradezcan, nosotros les decimos gracias por luchar, por soñar, creer y vivir”, dijo por su parte Claudio Patiño, presidente del Club Rotario Tomebamba, quien, con el respaldo de rotarios de Canadá realizaron la donación de 100 sillas de ruedas a niños, jóvenes y adultos con discapacidad física e intelectual.
La fronteras no existieron, el idioma no fue un impedimento para el diálogo, todo transcurrió sin contratiempos, mientras las manos, cada vez se multiplicaban con la finalidad de ensamblar, adaptar y entregar las ayudas técnicas, que desde el mismo momento en que fueron donadas, se convirtieron en las piernas de los hombres, mujeres y niños.
“Esta es una gran ayuda. Yo con mis pequeñas salgo a todas partes y en ocasiones es imposible movilizarlas. El apoyo que ahora recibimos es algo muy grande”, expresó por su parte Rosa Chimbo quien acudió con sus hijas Xiomara y Michelle quienes padecen una enfermedad congénita degenerativa.

“Lo importante de estas acciones es sumar esfuerzos. Cada año realizamos esta labor con la finalidad de mejorar la calidad de vida de quienes no pueden movilizarse. En esta ocasión coordinamos con entidades y agrupaciones que trabajan con personas con discapacidad; así como convocamos a la comunidad para que sean más los beneficiados”, dijo por su parte María Elena Aguilera, presidenta del Comité de Damas del Club Rotario Tomebamba.
25 médicos y voluntarias canadienses fueron parte de la jornada social. Ellos apoyados por personal y miembros del Club Rotario Tomebamba se encargaron de ayudar a los beneficiados a verificar que la silla esté acorde a su edad y a sus necesidades.
A ellos se sumaron un grupo de maestras que llegaron al país en un programa de intercambio.
“Lo que más nos llena es ver cómo los Rotarios se unen, en cualquier lugar del mundo, para servir a los demás”, comentó Rachael Tarshes, quien se sumó a los voluntarios y colaboró en l entrega de las sillas. (MLS)
