Sueldos del magisterio

Publicado el 2009/11/24 por Editorial



Finalmente el gobierno afrontará dos puntos débiles del magisterio, en su empeño por mejorar la calidad educativa fiscal: salarios y trabajo a tiempo completo. Duplicará los primeros especialmente para quienes inician la carrera, obligándoles eso sí al empleo único. De esta forma el profesional podrá concentrarse plenamente en su misión, no considerando las horas fuera del aula como disponibles para cualquier otra tarea. Situación que inclusive tenía preminencia sobre la docencia, pues aquí se limitaba a repetir conceptos con frecuencia obsoletos. Ojalá también el maestro se olvide de paralizar actividades, para aprovechar las “vacaciones” en redondear su remuneración. Y busque especializarse cada vez más sin descuidar el permanente contacto con sus alumnos. El presidente de la República no habló sobre la educación superior que es autónoma, pero sabemos que también requiere profundos reajustes al respecto.

Por más dinero que tengan un individuo y la familia, la educación les resulta indispensable. Más aún para las clases media y pobre, donde es la única herencia que pueden dejar los progenitores a sus vástagos. Sin embargo resulta urgente cambiar la orientación en el pénsum de estudios, haciendo mayor hincapié en la investigación e iniciativa particular. Porque el contexto trazado por el ministerio es demasiado teórico, orientado preferentemente hacia la formación de empleados no emprendedores. Aquí debemos volver al concepto de autogestión, no conceptuado como gravamen sino esfuerzo capaz de avalizar la excelencia. Lógicamente en la medida de las posibilidades individuales o familiares. Pues el ser humano no aprecia lo gratuito. Por eso hay que darle la caña de pescar no el pescado, como reza el proverbio chino. Para ayudar a quienes carecen de posibilidades económicas pero tienen perspectivas intelectuales, hay las becas y tantos mecanismos selectivos. La generalización con frecuencia resulta contraproducente.

En todo caso resulta positiva la intención oficial para mejorar el proceso educativo, incluyendo la condición social y económica del maestro. Al momento el gobierno libra dura lucha con la formación superior, a la cual también hay que revisarle su condición financiera, si se quiere que el catedrático trabaje a tiempo completo. Caso contrario deberemos afrontar el permanente cuestionamiento hacia este sector, acompañado por periódicas sugerencias de suprimir centros formativos, como acaba de hacerlo el Conea. Ojalá la Feue y ciertos estamentos universitarios comprendan esta realidad.