A los diecisiete años Ecuador afronta nuevamente los molestosos racionamientos eléctricos. De nada sirven las condiciones privilegiadas de su naturaleza en cuanto a fuentes hídricas. El descuido de éste y otros regímenes desembocó en auténtico castigo contra el pueblo. Y pensar que las condiciones hidrológicas adversas, habían sido advertidas dos meses antes que se suscitara el problema. Entonces debía apresurarse la rehabilitación de las centrales térmicas existentes, o la adquisición de nuevas pues dinero no falta al gobierno. Las autoridades responsables prefirieron esperar del cielo el milagro de la lluvia. Y mirar hacia Paute especialmente que es la generadora más grande del país, afectada no sólo por la falta de precipitaciones sino la acumulación sedimentaria, que ocupa el cincuenta por ciento de su embalse sin posibilidad de reversión, a corto ni mediano plazos.
Inclusive los legisladores de mayoría ya dieron paso al proceso para enjuiciar políticamente al ex-ministro del ramo, Esteban Albornoz. Esta vez con razón. Porque faltó previsión, iniciativa, agilidad en las decisiones, además lógicamente de que alguien debe responder por las millonarias pérdidas, que ocasionan los cortes eléctricos. En efecto siguen después de las festividades navideñas y de año nuevo. Es que las condiciones pluviométricas en la principal generadora y aquellas ubicadas en la Sierra, continúan siendo críticas. Algún día llueve inclusive con intensidad pero la mayoría de jornadas pasan secas, situación que continuará según el INAMHI por lo menos hasta comienzos de marzo entrante. Así definitivamente resulta imposible prever, por lo cual las generadoras a combustible se tornan indispensables, aunque su producto cueste cuatro veces más que aquel de origen hídrico. Sin embargo no sube el costo del kilovatio para el usuario, porque el Estado absorbe el diferencial que resulta siempre oneroso.
Dirán algunos que con este conflicto a cuestas, resulta inexplicable que el presidente de la República haya terminado el año con aceptación superior al 54%, según promedio de tres encuestadoras. Porque la comunidad nacional está consciente que no todo es culpa suya, sino descuido de quienes son responsables del ramo en el gabinete ministerial. Es el riesgo que asume un secretario de Estado. De allí que la función pública exige estar “pilas” no sólo para solucionar los problemas, sino preveerlos en lo posible anticipándose a los mismos. Ojalá pronto el régimen pueda acabar con los racionamientos eléctricos, utilizando cualquier mecanismo al respecto.