Belén Andrade
El recién nacido año será el último de la primera decena del tercer milenio; el repaso de lo vivido es inevitable, en lo personal cada quién tiene su propia cueva; en lo comunitario, de lo económico a lo político la reflexión gira en torno a los intereses del “reflexionante”, según recomiendan los numerosos devotos de San Éxito Bendito, el santo “que cumple”, mirar el paisaje sin la propia sombra es decadente, pregonan. Los peligros que amenazan la vida del planeta son reales, los cambios climáticos empiezan apenas y las consecuencias graves ; los “más mejores” del mundo se resisten a tomar decisiones radicales para frenar el deterioro provocado por los súbitos de sus reinos y sus mega-inversiones; la descalabro financiero del Imperio del Más-Allá golpeó duro las economías del resto; nuevos actores y tendencias en Latinoamérica, el populismo a diestra y siniestra; seña de identidad nacional: la migración, más plata y más tristeza; sí es visible el cambio positivo de los servicios públicos en el gobierno actual, hay aún muchas carencias pero se mantiene el empeño por resolverlas; también se mantienen los emperros, los lamentos, las condenas; hay más pobres, la pobreza es más indigna y más violenta; el trabajo fijo, con salario para vivir no para mal morir, es una lotería; el respeto, la solidaridad, la cordialidad están “carísimas” pero algunos “ellos y ellas” les apuestan a diario.