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Invisible

4 febrero, 2010

Belén Andrade

Unas se ignoran y otras se mantienen invisibles, unas garantizan virtudes y otras ocultan culpables; con hebras de alegría, de miedo, de dudas, tristezas pasajeras y alguna pena para siempre se teje la vida, las vidas; en la juventud las dificultades son inmensas, los problemas más graves, las preocupaciones desvelan y los presentimientos quitan el hambre, la plata no alcanza y las deudas atormentan, son los tiempos de construir, y cuestan, cuestan, se arropan los sueños para cumplirlos en los hijos, después vienen los nietos y la segunda reedición de sueños no cumplidos y entonces ya es la hora de la artritis, la sordera, el cansancio, la jubilación es la única puerta abierta y cruza el umbral; allí le esperan las certezas, de la soledad, de los dolores de los huesos y del alma, de la escasez y la pobreza. Ya dejó de mantener a la familia, extraoficialmente paga la escuela de dos nietos, las medicinas de la nuera y lo que falte. Para quienes hicieron una larga jornada de trabajo, las vacaciones fueron hacer “extras”, lo mismo las horas que le sobraron cada día; los gastos de antes no son los mismos, pero aparecieron más gastos, ineludibles y lo que recibe de renta mensual es una fracción del sueldo que tuvo; esa es una verdad invisible, las finanzas de un país no permiten dispendios absurdos, los viejos que ayunen y vivan dónde puedan hasta que aguanten, total: también son invisibles.