Belén Andrade
Se lo llama “sentido común”, porque es la acción o reacción lógica frente a un hecho cualquiera, pero es el menos común de los sentidos; lo contrario es lo usual, natural resulta guardar debajo los platos más pequeños y arriba los grandes, niños y niñas de dos o tres años con el menor de los hermanos cargado a la espalda es imagen “normal” en el campo y en la ciudad y, antes de ir a la escuela, ya saben muchas cosas del oficio de padres y mayores; en la escuela se los trata de ignorantes, aprenderán a escribir y a leer, los libros dejarán de ser un misterio, el sentido común sí es coherente en esa etapa de la vida, al crecer se lo pierde de vista, los adultos dan las órdenes y actúan según la urgencia y la necesidad de demostrar su eficiencia; en lo doméstico, en el trabajo, en todos los oficios privados y públicos es visible el poco o ningún sentido común de los actores. Los operativos policiales para detectar posibles irregularidades en el comercio de variedad de artículos parecen ataques por sorpresa en una guerra a muerte; la dimensión otorgada a lo intrascendente es absurda y desorientadora, especular sobre los efectos dañinos de tal o cuál resolución no es ético en los medios ni en los periodistas libres, tampoco la intolerancia, la exaltación y la condena del gobernante y su gobierno a quienes se oponen a su gestión. Es hora de que el sentido común sea común, a todos, gobernantes y oponentes.