Los seres humanos tenemos cualidades y defectos que se manifiestan en el comportamiento cotidiano. Vivir es hacer frente a problemas y esas cualidades o limitaciones se ponen de manifiesto con más claridad cuando los enfrentamos. Por naturaleza somos creativos, pero no todos la usamos con igual intensidad como lo demuestran los cambios y soluciones. Si idealizamos una sociedad feliz en la que todo estuviera solucionado, todas las necesidades satisfechas, las cualidades perderían importancia y la creatividad se debilitaría, ganando terreno la rutina y el dejar hacer dejar pasar. Las cualidades no desaparecen, pero si la dinámica para ponerlas de manifiesto en acciones para salir delante de las dificultades.
En los dos primeros meses de este año, hemos sido, desde nuestro país, espectadores de dos tragedias ocasionadas por irregularidades en la naturaleza de la que no hay culpables. El número de víctimas es fuera de lo común y los destrozos materiales de grandes proporciones. Por supuesto que es inevitable lamentarse por estos hechos y, aunque sea a vuelo de pájaro, pensar que ocurriría si algo similar se diera en nuestro país. En todas partes, además de la negativa reacción emocional, se robustece la compasión y solidaridad participando con alguna forma de apoyo a las víctimas de este infortunio. Un terremoto no tiene ideología y no cabe que la que se da en un país influya para acrecentar o menguar la solidaridad.
Los países no han desaparecido, siguen en pie y, si queremos alguna parte buena y positiva de estas tragedias, la encontraríamos en el reto que deben afrontar los que continúan y el robustecimiento de las virtudes ante situaciones no queridas ni previstas. Esas cualidades, si se quiere adormiladas, que tienen las personas, despiertan y se dinamizan ante los hechos dolorosos. Necesariamente se da alguna forma de crecimiento, no necesariamente del país, sino de los habitantes ya que, ante situaciones como estas hay que crecer desarrollando las condiciones positivas que toda persona tiene. No cabe mostrarse partidario de estas tragedias, pero si, una vez producidas, mirar lo bueno que puede surgir del dolor.