Paúl Vázquez Pauta en su oficina jurídica, con las obras recientemente impresas.

Viaje por el mundo de los apodos
Quién será
el Chimbilaco,
el Pata e cuco;
el Panza e chapa,
en esta ciudad
donde habitan el
Cuy Sánchez y
el Cuchillo Carrión.
El “Bragueta brava”, porque es lujurioso; el “cuy gara”, porque pelea con frecuencia; el “Pollo frito”, por seco y carente de vida; el “Curtido”, que aunque le hagan daño vuelve por más; o el Herculito, musculoso de metro y medio, son descritos, analizados y patentizados en el libro “Apodos y dichos populares”, que se halla en circulación en las librerías.
Además, quien navegue por las páginas hallará que Cuenca habitan el Canario Avarado, el Pollo Salgado, el Gorila Flores, el Pulga Carrión, la Abejita Alvarado, el Cuhi Espinosa, el Toro Brito, el Perro Valdivieso, el Chugo Cobos; pero también la Niñaza Andrade, el Pizho Malo, el Tilico Carrasco, el Cuculí Ortega, el Cura Vega, los Brujos Reinoso.
Así, el autor recuerda cómo se les llamaba, acompañado de su apellido, a conocidos “hombres públicos” de la ciudad, todo a lado de retazos de historia y humor, pues Vázquez recoge los apodos de deportistas, artistas, políticos y hasta personajes de la historia, nacionales y extranjeros, como que Pancho Villa se llamaba en realidad Doroteo Arango o el dictador ruso Stalin era en realidad Yossif Vissarionovich Djougatchvili.
Cinco años le tomó a Paúl Vázquez Pauta, recientemente graduado de abogado, compilar e investigar sobre los apodos que se usan en el Ecuador, como sobrenombres, apelativos, sustitutos, aposiciones y quizás hasta bromas – a veces rayando en el insulto-, para referirse a las personas, de donde surgieron Suchi (to), Mechuda, Raposo, Tispo, Cachetón, Seco de Gato, constantes en el repertorio de apodos recogidos por el autor desde sus años estudiantiles.
El libro que acaba de editar, nació en realidad en una clase universitaria con el doctor Jorge Morales, quien enseñaba que en la vieja Roma a las personas se les atribuía el nomen, cognomen (nombre de familia o apellido), y el agnomen (apodo). De dónde vinieron entonces los agnados y cognados. Así: Marco Tulio Cicerón, era “Cicerón”, porque tenía un cicerón significa chícharo, o sea que tenía un lugar grande.
La investigación ha llegado también, en forma corta y precisa a definir el origen y clasificación técnica de los apodos. Por ejemplo, Pancho, Chavela, Pepe o Michi se llaman “hipocorísticos”.
Y una broma más. La disposición de los nombres no sigue el orden de un diccionario (es para obligar a leer toda la obra porque si no, se hubiera buscado sólo el apodo que le interesa al lector o se hubiera creído que es bajado de la internet), comenta el escritor de la obra.
Tampoco está escrita en forma académica, de un lingüista. Es que esa no era la idea, sino divertir y hasta tocar un punto de la identidad del pueblo, pues el libro concluye con los modismos del fútbol.(AVB)
DISTINTOS
En el país es igualmente irónica la forma de asentar un apodo a un semejante, ya sea achacándole su parecido con un animal u objeto, solo que en la Costa los apodos suelen ser de dos palabras como “pescuezo e bota”, mientras en la Sierra los hacen de una sola: “Chucurillo”, dice Vázquez.