Los hechos que fueron relatados y que la ciudadanía conoció se dan en dos actos. En el primero, una banda de prestamistas y chantajistas son sorprendidos en sus andanzas y a través de una eficiente labor policial son apresados. En un segundo acto- a las pocas horas- un juez libera a todos los acusados quienes vuelven a sus correrías, ahora envalentonados con lo ocurrido. Finalmente los ciudadanos perjudicados por esos malhechores, quedan en una situación peor que antes, debido a que los acusados buscan venganza por haber sido denunciados y amenazan con extremar sus medidas de violencia. La enseñanza para buena parte de la ciudadanía es-lamentablemente- que de nada sirve denunciar estos actos porque la justicia es lenta, pesada e indolente y los jueces terminan generalmente liberando a los acusados a través de cualquier truco legal de sus abogados.
La policía nacional ha señalado que la operación que terminó apresando a los delincuentes fue el producto de un largo proceso de investigación y que es lamentable que todo ese trabajo quede frustrado por la acción de algunos jueces. Los jueces –aquí y en otras ciudades- han dado explicaciones para justificar su accionar señalando que en algunos casos se omitieron procedimientos legales para detener a los acusados o que no existen pruebas suficientes para procesarlos. La Fiscalía no está fuera de este tema pues frecuentemente es señalada con el dedo por lentitud y negligencia. Hoy-además- pesan sobre ella graves acusaciones de corrupción. Mientras estas acusaciones mutuas van y vienen, la ciudadanía ve con impotencia como frecuentemente los delincuentes son liberados a las pocas horas de ser detenidos y siguen cometiendo sus fechorías. Los casos de delincuentes que presentan más de una decena de detenciones y otras tantas liberaciones sin cumplir condenas, crece día a día.
Los últimos meses presentan demasiados casos de reclamos de la Policía a la administración de justicia por situaciones como las anteriormente señaladas, como para que se quiera sostener que no pasa nada grave. En la ciudadanía crece la percepción de que la justicia sigue sin funcionar y que por ello-entre otras causas- crece la delincuencia y la inseguridad. Esa percepción ha crecido con acusaciones frontales hechas por un alto oficial de la Policía en la ciudad de Guayaquil contra la administración de justicia. En este contexto no cabe incentivar ese enfrentamiento sino más bien buscar correctivos de manera que el trabajo sacrificado y frecuentemente mal valorado de los policías, se complemente con una administración de justicia ágil y eficiente que devuelva seguridad y confianza a la ciudadanía.

