Revolución marcista

Publicado el 2010/03/07 por Editorial



La vida humana, individual y colectiva, es cambio. El término “revolución” se usa con extrema liberalidad para vender la idea, por parte de gobiernos, que los cambios que se pretenden son profundos e irreversibles. En política internacional, con frecuencia las revoluciones se asocian con hechos de violencia, como la francesa y la soviética, pero no necesariamente cambios de gobierno violentos, por el hecho de serlo, merecen ser calificados de revolución. En nuestro país en el que los gobiernos legales han sido interrumpidos con demasiada frecuencia por levantamientos militares, hay la tendencia a llamar revolución a todo cambio de esta índole, identificando este proceso con cuartelazos.

En una fecha como ayer, en 1845, tuvo lugar la revolución marcista que lleva este nombre por haber ocurrido el mes de Marzo. Históricamente, desde 1830, luego de la separación de la Gran Colombia, estuvo el gobierno en manos del General Venezolano Juan José Flores, con el paréntesis del gobierno de Rocafuerte. Con el afán de perpetuarse en el poder la Asamblea Constituyente, hizo al antojo del mandatario una constitución que mereció el nada honroso apelativo de “Carta de la Esclavitud”, lo que provocó la reacción de ecuatorianos, sobre todo en Guayaquil que culminó con el derrocamiento de Flores, luego de enfrentamientos en campos de batalla. Con la vieja práctica del “borra y va de nuevo” se elaboró la cuarta Constitución en Cuenca.

Detrás de los acontecimientos, cobró fuerza la motivación de una segunda independencia ya que se consideraba que durante el período floreano el país estaba en manos extranjeras. Esta idea llegó a decisiones tales como cambiar la bandera tricolor con la azul celeste de Guayaquil, añadiendo siete estrellas por la siete provincias existentes. El color de nuestra bandera que se mantiene en los tres países que formaron la Gran Colombia nació de un prócer venezolano, el General Francisco de Miranda. Se consideró además que el primer año de vida independiente debía ser 1845. Cuan provechosa o negativa fue nuestra separación de Colombia, es asunto digno de discutir, pero los principios de la revolución marcista plantearon un nacionalismo exagerado.