
Como Jessica Loaiza, habitantes de 7 comunidades esperan impacientes la construcción del sistema de agua subterránea.
Urge una solución. La falta del líquido vital está generando conflictos incluso entre familias.
“Aquí no hay agua ni para tomar, esa es nuestra triste realidad”, expresa sin levantar su cabeza y casi sin esperanzas, mientras cuidadosamente, como tratando de aprovechar hasta la última gota, derrama una pequeña porción del líquido, sobre una prenda que lava, Jessica Loaiza.
La mujer, habitante de la comunidad Pueblo Nuevo, perteneciente a la parroquia San Cristóbal, del cantón Paute, es sólo una de las integrantes de los 372 núcleos familiares que soportan a diario el vía crucis de sobrevivir sin el líquido vital en la zona.
Son caseríos habitados en su mayoría por los damnificados, sólo después del desastre de La Josefina, en pocas ocasiones, los pobladores fueron provistos del líquido vital, por parte del Cuerpo de Bomberos y el Ejército, y luego en ocasiones esporádicas.
Compra
La población ante la necesidad impostergable, ha recurrido a la compra de agua, un tanquero privado les visita semanalmente. Para abastecerse, un grupo familiar de 15 personas, requieren 10 dólares por semana, valor que se paga por 275 galones. “Esa cantidad se gasta en cocinar y lavar; a veces ya no alcanza para bañarnos”, relata Loaiza.
La situación dramática, que es similar en siete comunidades de la parte baja de San Cristóbal, alrededor del cerro El Tahual, se complementa con los malos olores y la proliferación de moscas por la obstrucción de los pozos colectores y tuberías del sistema de alcantarillado, desde hace 7 años. Las necesidades biológicas se hacen en los pocos pozos sépticos y en el monte.
El alcantarillado se ha obstruido porque no hay agua, para que corran los desechos. “Gracias al apoyo solidario de la empresa municipal ETAPA, de Cuenca, se ha succionado en dos ocasiones los desechos de los pozos colectores, cuyos olores ya no resistíamos más, informó María Granda, también moradora de Pueblo Nuevo.
Riesgo
La pobreza que prima en la mayoría de los hogares de estos poblados, ha hecho que acomoden a vivir, acumulando agua lluvia o comprobado a los banqueros particulares, en tanques metálicos oxidados, con el consabido riesgo de afectar su salud.
En el barrio Bellavista, las casas se caracterizan por los canales en las cubiertas que sirven para captar el agua lluvia, y por la presencia de tanques de lata, que desocupados de los combustibles, los fertilizantes o insecticidas, han sido destinados para el almacenamiento del líquido que consumen las personas, sólo algunos tienen tanques plásticos.(AZD)
Pozos
El Gobierno Provincial con el apoyo de Japón, abrió los pozos para extraer el agua subterránea en El Descanso hace 4 años, desde entonces está suspendido. (Foto AZD)

Tanques
En Bellavista, cada casa cuenta con tanques para almacenar el agua que sirve para el consumo humano, el aseo y el lavado de ropa.(Foto AZD)
