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Exigencias de la Conaie

9 marzo, 2010

Veintiún puntos expuso al país la confederación de nacionalidades indígenas (Conaie), como expresión de la ruptura con el gobierno. No faltó por supuesto la amenaza del levantamiento nacional, no solo mediante manifestaciones callejeras, sino toma de carreteras. Mecanismo que le ha funcionado hasta el momento, pues los indígenas fueron los principales protagonistas de los derrocamientos presidenciales desde 1996. Además así ponen miedo al gobierno y la población en general. Aunque la escasa acogida de la primera convocatoria en Cuenca, envalentonó al Ejecutivo que lanzó duras críticas a los incitadores de la misma. A veces da la sensación de ser una pelea entre compadres o la cortina de humo para mantener distraída a la comunidad, respecto a los problemas cotidianos. Estamos seguros eso sí que las organizaciones nativas buscan con ello “meter aguja y sacar reja”, como reza el adagio popular.

Los considerandos expuestos no significan quemimportismo o desprecio, hacia las exigencias de este sector tradicionalmente abandonado. Hay varias que son justas como el derecho primordial humano al agua; reconocimiento efectivo no solo legal de la interculturalidad; participación más activa en la vida nacional; atención estatal prioritaria a las necesidades sociales. Otras ponencias en cambio son discutibles, e inclusive inaceptables. Tal el caso del desconocimiento respecto a todo lo actuado por la Asamblea; prohibición de entrar sin permiso a sus territorios; en ellos tampoco podrá hacerse explotación petrolera ni minera a gran escala; ninguna ingerencia del Ejecutivo en organismos como el Codempe, Ecorae, subsecretaria del Agua; declarar la muerte del shuar Bosco Wishuma como crimen de Estado, pese a que sus propios compatriotas le dispararon pues los policías estaban desarmados. En síntesis, una serie de asuntos que no contribuyen en nada a la unidad del país, sino a las tendencias separatistas reiteradamente expresadas desde Guayaquil, por ejemplo.

Indios, mestizos, blancos, cholos, negros, mulatos: todos somos Ecuador. Aquí está la gran riqueza que poseemos, sobre la cual construir el desarrollo. Empeño sin embargo que no se consigue por ósmosis ni gratuitamente, sino con esfuerzo que también conlleva renunciamientos. Cierto que la historia colonial y republicana no le ha sido favorable al indígena. Una situación que no puede cambiarse sembrando más odio y distanciamiento, entre los componentes nacionales. El campo nos alimenta con sus productos, afirman algunos, a los cuales hay que responderles sin embargo que la ciudad es quien los consume. Además sin petróleo y minería, resultaría muy difícil atender las crecientes urgencias humanas, precisamente entre las comunidades rurales.