El diálogo es importante en la sociedad civilizada, pero hasta cierto punto. Porque solemos tomarlo como dar satisfacción a todos, lo cual resulta imposible. Hay un momento en el cual deben tomarse decisiones, responsabilidad de las autoridades que han sido puestas allí, precisamente para ello. En Cuenca por ejemplo el nuevo Cabildo zanjó la construcción del distribuidor de tránsito, en la avenida las Américas y Panamericana Sur. Emprenderá también obras similares en la confluencia de La Circunvalación con la Ordóñez Lasso. Así mismo busca poner orden en la proliferación de mercados que no respetan veredas, calles, espacios verdes y otros lugares afines, creando caos y desorden. Ha logrado éxito parcial en la refacción de varias arterias centrales, tanto en tiempo como calidad de la obra. Sin embargo la administración cantonal no muestra aún suficiente firmeza sobre la nueva cárcel, pese a existir el área apropiada de terreno, planificación exhaustiva e inclusive presupuesto. Cierto que está de por medio la supuesta existencia de restos arqueológicos, planteada por Patrimonio Cultural, que debía resolver en cuatro meses, pero ya va para los dos años. Tampoco en el problema de las construcciones que irrespetan las ordenanzas, originando negativas consecuencias para sus dueños, contra la seguridad y el ecosistema de la urbe. Estos días las autoridades municipales deben resolver respecto a la imposición judicial sobre el funcionamiento de la nueva cooperativa de taxis “Quinta Chica”, mientras se encuentra pendiente similar caso, relacionado con “Transcalvario”.
Gobernar es hallar consensos pero especialmente soluciones. Tarea dura entre los ecuatorianos tan quisquillosos y proclives a encontrar corrupción por todas partes. Para eso empero se metieron a políticos y triunfaron en las urnas. “Quien busca ser redentor podría resultar crucificado”, señala un refrán, que se torna realidad frecuentemente. Hay que tomar sin embargo el reto cuando se trata de dirigir una comunidad. Los personeros cuencanos y azuayos tienen la ventaja de ser afines al Ejecutivo y la mayoría legislativa, lo cual les facilita las cosas. No así con Nebot por ejemplo que debe vencer constantes obstáculos, originados en sus propias limitaciones, además de aquellos creados desde el gobierno central. Lo grave es que el burgomaestre porteño está quedándose aislado, por considerar que le basta la ciudad más poblada del país, para afrontar al poder político central.
Ahora bien. Acatar la imposición judicial sobre dos nuevas cooperativas de taxis, se ha transformado en camino cuesta arriba. Porque si bien la Municipalidad regula, controla y maneja el ramo de transporte, no tiene competencia para crear o suprimir organismos de esta naturaleza. Hay instancias superiores que se han pronunciado, lo cual no queda sino acatar, si queremos vivir en democracia bajo el amparo y la normativa de la nueva Constitución. Todo esto pese a las amenazas de paralizar actividades y tomarse la urbe, por parte de los choferes profesionales.