Hugo Darquea López
En la vida cotidiana se encuentra que por lo general no solamente se conversa sobre los más diferentes temas, sino que se discute y de manera apasionada; así ocurre entre personas que poco se conocen o amigos de siempre, entre los vecinos de una comuna o los miembros de un cabildo; nada de paniaguado comportamiento, cuanto más bien, de clara y franca discusión sobre los hechos u opiniones que se contraponen, para luego precisamente, lograr los acuerdos sobre temas importantes o sencillamente sobre las situaciones que a diario se presentan.
Esta es o ha sido la manera de comunicarnos, de hacernos visibles ante los demás o de manifestarnos en nuestro ser y obrar, por eso la palabra es el don más precioso entre tantos otros de los cuales la naturaleza nos ha trasmitido sea por la vía natural de la herencia y sus rasgos comprendidos, como factores inherentes a la condición humana o, que la cultura a lo largo del tiempo y de la experiencia nos contribuye por el simple hecho de nacer y de vivir en sociedad, en comunidad de seres iguales y, en especial fraternos, no sólo por la sangre cuanto por la convivencia que se desarrolla en nuestro torno.
Pretender a niveles complejos de la estructura y de los sistemas institucionalizados, llámese vida pública, gobierno o estado, la uniformidad, el acatamiento sumiso, en fin la gama diversa del silencio, es pretender un absurdo, contra natura, porque el ser humano auténtico, en su manifestación existencial , es ante todo y por sobre todo, inteligencia crítica, razonamiento múltiple, penetración intuitiva, cuestionador vocacional, con él y en él nace y se desarrolla la dialéctica: Galileo, Hegel y Marx, desde los socráticos, así afirman ; y, pese a ciertos seguidores que se confundieron de planeta e impusieron la práctica negativa de la inquisición dogmática; pese a todo, el ingenio humano se interroga y pregunta, desde que se inicia con el primer brote de su conciencia y, hasta cuando entrega su último aliento.
Este tema seguirá discutiéndose y de hecho así será, no solamente en nuestra sociedad en cuanto se refiere a la pretendida Ley de Comunicación que en lo más discutible, según el estudio de propios y extraños, pretende masificar, “socializar” en una sola dirección, dicen los que la defienden contra toda evidencia y necesidad democráticas, al pensamiento del poder político; anotamos que en el mundo brilla la conciencia de la creación intelectual que es por naturaleza, pluralista y trascendental.
En este panorama, es imprescindible afianzar el derecho natural a la polémica, a mantener una prensa y los medios pluralistas de información y comunicación, recuerdo al periodismo polémico con Espejo, los que formaron “El Quiteño Libre”, Olmedo y Rocafuerte. Solano y Proaño. Borrero, Víctor León Vivar, Peralta,. Calle, Terán Centeno, Alejandro Carrión, la lista es inmensa y de alta calidad, es en sí la historia de la Nación; y que obviamente no termina, se mantendrá construyendo la Patria permanente.
Los legisladores y el poder político deben honrar lo que la Constitución consagra para la libertad de pensamiento y comunicación. Sobre todo, hagamos conciencia en que esta es la hora del conocimiento universal. Nada puede ser ignorado, nada puede ser acallado, es suficiente un ser humano aquí y en el mundo, que exista, piense y sienta con dignidad, nada más que amando su destino: Construirse en libertad y para la libertad. hdarlop@etapaonline.net.ec