Mónika López Avilés
Aproximadamente diez mil años de historia se guardan celosamente en las reservas y en las salas de exposición del Banco Central. Muchos ciudadanos estamos convencidos de que si no hubiera sido por la operatividad y la descentralización de fondos que existió hasta hace pocos años, la realidad que hoy tenemos sería muy diferente. Seguramente hoy esas mismas piezas del patrimonio mueble y arqueológico estarían en su gran mayoría en el extranjero o quien sabe destruidas por la falta de medidas de protección.
Como todo en nuestra sociedad, no puede tener la amplia aceptación ciudadana y muchos también han realizado críticas –no constructivas- a las distintas inversiones realizadas tanto en la gestión, como en la difusión de la cultura, definitivamente hay que recalcar que si no hubiera sido por el heroísmo de personajes como Hernán Crespo, la voluntad, la celeridad en la gestión económica y el aporte de gente valiosísima que pasó por la Institución, no contaríamos ni con los museos y tampoco se habría hecho la gran investigación, que reposa en los cientos de libros que a lo largo y ancho del Ecuador se difunden permanentemente. En estos días en que se discute la Ley de Cultura, pensando en el Banco Central de Cuenca, nos preocupan situaciones como la de la Biblioteca, que se ubica en el tercer piso del edificio y tendrá que sujetarse al Instituto de las Bibliotecas y Archivos. La planta baja, el segundo piso y los jardines del Inca, pasarán al de Museos y Sitios Patrimoniales, el subsuelo que corresponde al Museo Numismático se quedará con el Banco. No nos queremos imaginar como serán los trámites de cada subsistema, sin olvidarnos de que ahora todas las decisiones se las toma desde la capital.
Al parecer la reglamentación jurídica que es el siguiente paso a la aprobación de la Ley, tendrá que considerar muchos aspectos dentro de los cuales como los más importantes: un alto nivel de autonomía, la destinación oportuna de los fondos necesarios y una acertada gestión de recursos humanos, como manda la Constitución, es decir mediante concursos de oposición y méritos, apegados a la ética que promueve la Contraloría. Lo que hasta ahora no ha sucedido ni con la Subsecretaría Regional de Cultura ni con el INPC de Cuenca, donde además todos sus técnicos han sido nombrados directamente desde Quito. Al parecer se vienen los días más importantes para propiciar el desarrollo de la Cultura Nacional. En nuestra opinión, es la voz de actores y gestores culturales la que hoy resulta necesaria, antes de que todo quede escrito.