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Espacios de esparcimiento

11 marzo, 2010

Eduardo Sánchez Sánchez

El ser humano en esencia pertenece a la Naturaleza, somos parte consustancial de la Pacha Mama y nos debemos a ella. Nuestra estructura química se alimenta de la dieta que ingerimos, de cómo, cuándo y la clase de nutrientes. La actividad física es imprescindible desde que somos bípedos, pero lamentablemente vivimos encarcelados a los medios de transporte, al sr reloj y por ende a la prisa, al famoso estrés, al escritorio, con atmósferas contaminadas de todo. Pero, también en lo psíquico somos dependientes, frágiles, sensibles unos más que otros, pero todos pendemos de los vínculos con una naturaleza humana.

Mientras la juventud tapiza al soma humano, todo es brillo, destreza, alegría, porque no decir que todos los chips son de nueva tecnología y se adaptan a las exigencias de la moda que obviamente no incomoda. Nada es lesivo ni dañino, no hay porque preocuparse de dietas o de la inexistente acción dañina de determinados alimentos, se abusa de los lípidos, de los carbohidratos, de las bebidas energizantes o de las espirituosas, se rompen los nexos con Morfeo y en pocas horas, todo vuelve a la normalidad,… no ha pasado nada.

Durante nuestra infancia lo jocoso es que sí nos empapábamos con un aguacero, éramos considerados chugos mojados y las costillas no se resentían ni las algias hacían presencia, recuerden cuando el clima era normal y más regular cómo fueron las entradas al nuevo ciclo escolar, con aguacerotes y grandes mojadas, chacoteábamos en las charcas de la vieja Cuenca o en los patios de las escuelas, y los zapatos nuevos perdían brillo, pero no el temple de muchachos.

Las épocas cambiaron, nuevas modas, música, dietas, centros comerciales, aceleración del biorritmo, ahora ya tenemos estrés, las calles son atestadas de vehículos y de gases, de escándalo, hay amigos de lo ajeno por doquier, ritmos musicales extraños, abundan las comidas foráneas, chatarra, basura gastronómica, contaminación agroquímica, bonitos disfraces o camuflajes en exóticas frutas, alimentos procesados en idiomas variadísimos que sí nos atrevemos a preguntar a un niño sí come coles o arroz de cebada, harina de arveja o cosas de la abuela, seguro que me contestará: ¿ qué es eso?.
La verdad que antaño, con solo cruzar los puentes sobre el Tomebamba ya nos encontrábamos en lugares de esparcimiento y de encuentro con la naturaleza. A quien se le iba a ocurrir en recorrer grandes distancias para buscar aire puro o ambiente pacífico, ajeno a los enfermos espacios citadinos. Quiero decir que el consumismo nos envuelve agresivamente, las nuevas generaciones no conocen lo que precedió a lo actual, nos hemos vuelto indolentes con la Madre Naturaleza, de manera despiadada

Se cometen todos los días los agravios más atroces y vemos que se torna despiadada la forma como nos pasa factura con calentamiento global, hambre, sequía, etc.

Cuando volveremos los ojos hacia una verdad absoluta, la casa es de todos y se merece respeto sí queremos habitarla y en ella son importantes los espacios de esparcimiento que mejoren la salud agobiada del hombre moderno. Parques, jardines, áreas deportivas, etc. Una buena transportación colectiva. La salud pública es importante y Cuenca se merece lo mejor.