La imagen internacional del Ecuador se ha deteriorado en los últimos años. Entre quienes han ocupado esa importante cartera se cuentan en este gobierno, personas que habían ejercido la actividad privada en el turismo, académicos con formación en planificación y en ecología o activistas políticos. Uno de los avances importantes que el país tuvo durante los últimos años se dio en la profesionalización del servicio exterior lo que hizo que los cancilleres en buena parte de los últimos gobiernos hayan sido diplomáticos de carrera. El Presidente Correa descalificó a casi todos ellos y en parte su servicio exterior llamándolos momias cocteleras y optó por llenar esas funciones especializadas con gente de confianza suya pero sin formación ni experiencia en el campo internacional.
El mundo actual tanto en el campo público como en el privado gira en torno a personas que si bien tienen una formación amplia que les permita entender un mundo cada vez más complejo, sin embargo son cada vez más especializados en los campos que a ellos se les encarga. A nadie en su sano juicio se le ocurre encargar la gerencia de una institución bancaria a una persona que no tenga formación y experiencia en ese campo. Al igual que a nadie se le ocurre encomendar una investigación sobre microbiología a un abogado que jamás tuvo experiencia alguna en el campo de la biología. A nivel mundial y especialmente en el campo de las relaciones internacionales tanto de la empresa privada como de la pública lo lógico es que a las más altas funciones vayan quienes estén mejor preparados por formación y experiencia en esos campos.
El último tropezón grave del Ecuador en el campo internacional se dio hace pocos días cuando un organismo especializado como es el Gadfi a nivel mundial, colocó a nuestro país entre los que tienen más riesgo para la inversión debido a la falta de medidas para impedir el lavado de dólares y el financiamiento al terrorismo internacional. El origen de esa ubicación –como ha señalado la embajadora de Inglaterra-no es político sino técnico pues entre otros errores de bulto el país no envió una serie de informes a ese organismo. No es que la calificación se dé porque tengamos relaciones con países como Irán, ni porque no se hayan dado importantes golpes a la narcoguerrilla, como han querido justificar voceros del gobierno. La razón está en el incumplimiento de algunas normas internacionales y ello obliga a devolver el profesionalismo perdido a ese campo en el que se ha privilegiado la lealtad por sobre la formación y experiencia.