Genaro Patiño Ledesma
Las catástrofes de enero y febrero, acaecidas en Haití y Chile, nos dejan un remanente positivo en el área de la solidaridad. Apenas los medios de comunicación dieron cuenta del macabro suceso, la movilización para la ayuda fue inmediata, con la prontitud que requieren el cumplimiento veloz de, los trámites burocráticos en embalaje y las aceptación de los organismos de socorro. La misma tragedia, con la destrucción de puertos, y aeropuertos, de carreteras y puentes fue la encargada de poner el óbice para que la ayuda sea con más prontitud y eficacia.
Pocas veces antes, hemos constatado una respuesta tan eficaz y generosa por parte de la ciudadanía y los entes estatales, canales de T.V. radio emisoras, instituciones religiosas, Cruz Roja, Defensa Civil, Ministerios, y muchas otras instituciones públicas y privadas, que “motu proprio” -por propia iniciativa-, emprendieron una labor humanitaria digna de encomio y ejemplo para la niñez y juventud, a veces acostumbrada a solamente recibir y negarse a compartir. Somos conscientes de que lo peor ha pasado, pero lo más duro es pasar del momento de crisis, al trabajo arduo y largo de la reconstrucción, que no es nada fácil. Muchos han perdido sus casas, y la reconstrucción de una vivienda lleva mucho tiempo, otros han perdido su trabajo, eso es tarea del gobierno ayudar para habilitar, fábricas, hospitales, maquinaria, locales educativos y recreacionales, etc.
El trauma del sismo y de la pérdida de los seres queridos es una labor mucho más difícil y especializada, requiere a más de dinero una dosis muy grande de amor y acompañamiento hasta salir de la crisis. Más de doscientos mil muertos en Haití, y cerca de mil en Chile, pueblos y sitios turísticos arrasados por la furia de la naturaleza son solo una muestra de la destrucción total. Se han dado algunos pasos importantes en esta solidaridad a la que estamos alentando, las brigadas para defender los bienes, la oración comunitaria, el compartir la vida en albergues y comedores comunitarios.
Sin embargo, una cosa es, ver el reportaje de unos minutos en la TV. pero otra muy distinta vivir la realidad; de ahí que la solidaridad de los gobiernos y la nuestra no debe ser solamente producto de la impresión o el sentimiento trágico del momento sino una actitud perenne de ayuda a quienes realmente necesitan El, “hoy por ti y mañana por mi” Dios quiera que no sea una realidad, ni cercana ni lejana para nosotros, según las predicciones de los geólogos. Sin embargo es necesario estar preparados para acontecimientos como estos con las experiencias trágicas de nuestros hermanos de Chile y Haití. Hechos como estos, agrandan el corazón de los que aman, porque las guerras y venganzas endurecen el corazón de los que odian.
gepales@hotmail.com