Carlos Castro Riera
Es importante para el desarrollo regional la formación de la Mancomunidad del Sur compuesta por Azuay, El Oro, Cañar, Morona Santiago y Zamora Chinchipe, a la que debería sumarse Loja.
Este es un espacio de continuidad geográfica, económica, histórica, y social, que conforma una identidad regional con vínculos sólidos que permiten una unidad territorial y política, sin desconocer la diversidad.
El reconocimiento de que este territorio conforma una región natural en el sentido geográfico e histórico-cultural, es algo irrebatible, desde la coparticipación de cuencas hidrográficas hasta la dinámica de los procesos sociales al interior de este espacio regional, como el poblamiento, las migraciones internas, los vínculos familiares, los circuitos económicos y el modelo regional de acumulación, así lo confirman. Nacionalmente se ha reconocido y se ha venido hablando de la “Región del Austro Ecuatoriano”, la “Región Austral” o del “Austro del País”.
Es un error afirmar que la mancomunidad no tiene validez jurídica, pues por el contrario la Constitución de la República, establece en su artículo 243 que dos o más provincias contiguas podrán agruparse y formar mancomunidades, con la finalidad de mejorar la gestión de sus competencias y favorecer sus procesos de integración.
En el contexto de la realidad nacional en la que ha primado el centralismo y la concentración de los recursos económicos en una bipolaridad territorial cuyos núcleos son Quito y Guayaquil, cobra trascendencia política que las provincias del sur ecuatoriano, se unan fuertemente para exigir un reparto equitativo de los recursos del Estado. Tenemos necesidad de generar un contrapeso político regional y tener una mejor presencia y protagonismo en el escenario político nacional.
No tenemos porque seguir permitiendo como espectadores lejanos e impávidos, que los problemas del país, se diriman siempre en función de los intereses de una bipolaridad política que ha pretendido representar a la sierra y a la costa, fomentándose un regionalismo perverso y dañino a la unidad nacional, motivada en el chantaje permanente de poderosas oligarquías que han canalizado y absorbido históricamente la renta nacional.
Queda por delante la tarea de consolidar y desarrollar la Mancomunidad, dotándonos de un espíritu de justicia social y equidad en las relaciones de las hermanas provincias que se asocian, y es de esperar que Loja se ligue a este esfuerzo de unidad, para juntas, conformando un poderoso bloque regional, reivindicar los derechos que le corresponde. Aislarse es un suicidio en una época que demanda integración de los pueblos, precisamente de aquellos que han sido marginados.
Puede ser inclusive, que esta Mancomunidad, sea la base para conformar una región con un gobierno autónomo descentralizado tal y como prevé la Constitución, pues dicho proceso deberá estar basado en la conciencia y voluntad de las provincias que pretendan constituir las regiones, ya que éstas, no pueden ser resultado de planificaciones esquemáticas de escritorio, que pretendan reeditar un nuevo centralismo con bloques provinciales débiles, que no signifiquen ningún contrapeso al bicentralismo, que tras bastidores y con una aureola de legalidad quedaría legitimado, viniendo a ser último día del centralismo y primero de los mismo.