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AUTORECICLAJE

4 mayo, 2010

Claudio Malo González

Cuando compramos una camisa nos la entregan en una caja y, para llevarla, la ponen en una funda. Para estrenarla tenemos que deshacernos de la funda y la caja, de cartones, plásticos y alfileres ubicados en algunas partes de la prenda; si es que se trata de un regalo, del vistoso envoltorio. Todos estos “aditamentos” no tienen otro destino que la basura. Somos unos impenitentes fabricantes de basura y unos pertinaces quejosos de las molestias de estos
deshechos. La solución de sentido común es producir menos basura, pero si se pretende eliminar estos innecesarios adornos, muchos pondrían el grito en el cielo. Me imagino que ocurriría si es que, antes de la Navidad, se prohibiera el uso de papeles de regalo y elementos afines. Cada vez toman más fuerza las campañas de reciclaje para que cada familia racionalice el destino de la basura. Grandes fábricas tienen sus propios sistemas para tratar sus deshechos, pero sumando las unidades, los mayores fabricantes de basura somos los habitantes comunes y corrientes. Nadie cuestiona que es ideal volver útil a la basura reciclándola, pero poner en práctica esta tarea a título personal es mucho pedir. Instituciones públicas a cargo del problema, han tomado iniciativas incentivando a que las personas la clasifiquen según la calidad para facilitar el reciclaje. El primer paso es simple, poner en fundas de colores diferentes la basura orgánica e inorgánica; con el tiempo se podría ampliar la clasificación de lo inorgánico en diferentes materiales.

Si esta medida la ponen en práctica todos, todos seríamos los ganadores. El esfuerzo de clasificación es mínimo con lo que se evitan mescolanzas. Para los recolectores de basura se facilita esta incómoda tarea y, si realmente se pone en práctica el reciclaje, partir de materiales ya clasificados facilita el proceso. El planeta es el gran ganador ya que, si en todo el mundo esto ocurriera, la producción de nueva basura y el saqueo a los recursos de la tierra disminuirían.
La teoría es muy sana y motivos para refutarla no existen, pero que se ponga en práctica es más difícil. Todos aceptan el planteamiento, pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Un pesimista integral afirmaría que nunca se logrará este cambio, un optimista que es cuestión de pocos días, lo real es que lleva tiempo y que, realizando campañas educativas se acelera. Hasta lo
que sabemos, no ha habido oposición de liderzuelos y la respuesta ciudadana es más bien positiva. Se logrará la meta en menos tiempo de lo previsto. Las ideas sobre el reciclaje hacen referencia a los materiales dañinos y al comportamiento de las personas. Todos se rasgan la vestidura por el peligro de nuestro planeta, pero el cambio tiene que darse en la conducta de los
ciudadanos consistente en aceptar “incomodidades” mínimas para lograr consistentes resultados, Dejar a un lado los pequeños intereses personales y valorar los comunitarios. Para que las cosas marchen hay que reciclar las ideas y hábitos, es decir un autoreciclaje.