CUENCA Y MARIA

Publicado el 2010/05/23 por Editorial



Leoncio Cordero Jaramillo

Cuenca es y será una ciudad Mariana, una ciudad que ha profesado durante su vida un singular amor a la Madre de Dios. Pocos meses después de la fundación española de la ciudad, el Cabildo, en representación de los habitantes de esta naciente población. Solicitó al Virrey Andrés Hurtado de Mendoza, se provea de Escudo a la ciudad. El cabildo conoció de la provisión de esta dignidad y adoptó el Escudo dado por el Virrey, el 23 de enero de 1559, el que se destaca, “por encima del escudo, un rótulo trabado en una lanza, una frase que dice: -Primero Dios y después Vos.”, leyenda que según Gabriel Cevallos García, fue tomada de la insignia de la Casa del Marqués de Santillana, que decía, “Dios e Vos”, proclamación de fe en Dios y en Vos, que representa a María, frase que hoy ostenta nuestro escudo, republicanamente vertido al “Primero Dios y después Vos”, María su Madre.

Desde entonces Cuenca ha volcado su fe y su amor a María nos dicen los santuarios ofrecidos a sus diversas advocaciones: su iglesia Catedral, la de las cúpulas azules, consagrada a la Inmaculada Concepción de María. Los Santuarios de Santo Domingo, dedicado a la Morenica del Rosario; de San Alfonso, a la Virgen del Perpetuo Socorro; María Auxiliadora; los Carmelos de la Virgen de Bronce, de San José y de la Asunción; la Iglesia de las Conceptas y de Nuestra Señora de Fátima, la Capilla de la Virgen del Río, sin que falte una imagen de María en todos los templos, capillas y santuarios de la localidad.

En mayo se adorna con las mejores flores los altares dedicados a la Virgen María en escuelas, colegios y universidades , en oficinas, talleres y habitaciones; personalmente son motivos de gratos e inolvidables recuerdos las veladas literarias, el traslado de la imagen y la solemne Eucaristía en honor de la Virgen de la Sabiduría de la Universidad de Cuenca y el Sábado de mayo, dedicado a la Dolorosa del Anfiteatro Anatómico de la Facultad de Medicina.

Y que decir de los “Trovadores de Nuestra Señora” como llama Cevallos García, a aquel valioso grupo de poetas y literatos que dedicaron sus mejores poemas y ensayos a la Virgen María; de los artistas del pentagrama que ofrecieron selectas melodías a la Reina de los Cielos y de pintores y escultores que llenaron de imágenes religiosas los templos, capillas y hogares de esta ciudad en la que María permanecerá para siempre en la leyenda de sus escudos y en el corazón de sus habitantes.