Democracia contemporánea

Publicado el 2010/07/04 por Editorial



Los gobiernos monárquicos absolutos entraron en decadencia y como alternativa se propuso la democracia partiendo de que el poder reside en el pueblo. Las teorías son muy coherentes, pero funciona el viejo aserto “del dicho al hecho hay mucho trecho”. En la segunda mitad del siglo XVIII se intenta poner en práctica este sistema que había funcionado en Grecia y Roma por un tiempo. Cuando las colonias inglesas del norte se independizan en 1776 optan por el sistema democrático que funciona hasta nuestros días en la que es la primera potencia mundial. Francia pocos años después, mediante una revolución sangrienta intentó, pero con otras modalidades volvieron los imperios con su característica autoritaria.

Cada país celebra legítimamente el día de su independencia como lo hace Estados Unidos hoy, pero además del nacimiento del país se trata del nacimiento de la democracia contemporánea como sistema puesto en práctica en un país. Ha funcionado de acuerdo con las normas, todos sus presidentes han sido elegidos democráticamente por los períodos previstos y los poderes del estado, divididos con independencia suficiente, se han mantenido con equilibrio. Muchos otros estados han seguido este ejemplo pero su funcionamiento, en mayor o menor grado, ha sido precario y ha estado sujeto a interrupciones. Las ex colonias españolas siguieron su ejemplo, pero las dictaduras atentaron contra sus beneficios.

El éxito de la democracia en Estados Unidos ha sido enorme. Ha logrado ser la primera potencia del mundo, sin brutales medidas como las de Hitler respetando las libertades ciudadanas. Frente a cualquier cuestionamiento teórico, hay el irreversible argumento de la cantidad de personas de todo el mundo que buscan establecerse allí para mejorar sus condiciones. El problema de la migración en nuestros días se ha tornado grave por el alto número de personas que buscan llegar y que arriesgan todo para cumplir este sueño. El hecho de que haya tanto migrante ilegal muestra este afán. Nadie deja su país para vivir peor, las condiciones democráticas muestran este enorme atractivo. El éxito norteamericano es éxito de la democracia.