Mónika López Avilés
De acuerdo con el “Final Report of the Meeting on the Preservation and Utilization of Monuments and Sites of Artistic and historical Value held in Quito Ecuador”, del año 1967 y su actualización hacia el año de 1974 regulación de alcance mundial, donde se reconoce la inclusión del problema que representa la necesaria conservación y utilización del patrimonio monumental en la relación de esfuerzos multinacionales en la que se comprometen los gobiernos y recomienda: Los proyectos de puesta en valor del patrimonio monumental –entiéndase construido, independientemente de su tamaño- forman parte de los planes de desarrollo nacional y, en consecuencia, deben integrarse a los mismos”. Las inversiones deben hacerse simultáneamente a las que reclaman otros temas de las ciudades. Corresponde a los gobiernos –en nuestro caso, locales- dotar de las condiciones para que en primer lugar se formulen los proyectos y hacer efectiva su ejecución. En nuestra ciudad este no es el caso. Son comprensibles los temas de seguridad, de servicios y hasta el mismo desarrollo urbano, pero una vez que Cuenca es una ciudad Patrimonio de la Humanidad, que posee una inmensa riqueza, con un recurso no renovable y por el cual además se ha desarrollado el turismo que sostiene muchas empresas y familias, lastimosamente el tema patrimonial es la última rueda del coche.
El caso del Seminario Mayor San Luis es un claro ejemplo de todas las arbitrariedades que se pueden cometer con un bien patrimonial. Allí desde hace poco más de un año se encuentra un equipo de albañilería trabajando aleatoriamente en cubiertas, vigas y demás elementos, cambiando los materiales, sin el soporte de un estudio histórico-científico y peor, sin la etapa inicial que es el Proyecto de Restauración. A ello se suma la singular intervención del INPC en la capilla, restauración que tampoco se sujeta a una planificación general, aspectos por los cuales se fiscalizan y hasta sancionan a los ciudadanos independientes. Pero en nuestra Cuenca, todo es posible, si se es de la línea política o de la línea del parentesco y podría suceder mucho más.
El asunto no es personal, –estamos cansados de decir- la ciudad debe saberse y reconocerse patrimonial, apropiarse y defender su único tesoro, sabemos que nuestro país está en los ojos del Mundo, pues al ser Quito la primera ciudad Patrimonio, la ciencia de la restauración se ha desarrollado notablemente, inclusive existen aportes científicos a nivel mundial por los estudios realizados y que son difundidos por medio del ICOMOS (The International Council on Monuments and Sites). Es preciso enfatizar que no es tan necesario buscar expertos fuera. En el caso de las osamentas encontradas en distintos sitios, hoy recordamos como desde hace un año aproximadamente, por medio de la unidad de Arqueología Municipal y personalmente, entregamos cantidad de informes, diagnósticos de los estados de conservación, documentos, solicitudes, y ninguna autoridad ha tenido a bien considerarlos como proyectos posibles. Ahora escuchamos que no se los tiene al alcance, es muy lamentable. Definitivamente aquí conviene con mucho acierto la canción de Piero que dice: “Las cosas que pasan”.

