
Un avión norteamericano en el aeropuerto. (Foto: Archivo fotográfico del Banco Central).
Los registros patrimoniales han llevado, tradicionalmente, inventarios de los bienes culturales físicos: libros, cuadros, estampillas, esculturas, la parte académica. Ahora, un proyecto pretende indagar sobre el valor que la gente da a los objetos, cómo se viven los espacios urbanos, qué se recuerda de ellos y de la forma de vida: es el Registro de la Memoria.
Se trata de indagar y recuperar las miradas ciudadanas de los bienes y los espacios de la ciudad, darles a ellos un valor. El proyecto es registrar con personal de campo esos recuerdos de la gente, fotografiar los personajes, grabar o filmar sus testimonios.
Según Joaquín Moscoso, director del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), un ir tras una historia que no sea la oficial, sino la de la gente. La gente crea mitos, exagera, pero tiene sus propias versiones y su visión particular de cada hecho de la vida urbana.
Así, se recordarán las concentraciones políticas de la plaza de Santo Domingo, “El Berlín”, que era una cantina que luego derivó en pollería; la venta de horchata, las empanadas o las habas tiernas cocidas en una paila.

La apertura de la avenida Solano. (Foto: Archivo fotográfico del Banco Central).
La iniciativa de registrar la memoria oral se complementa con otra: compilar todas las imágenes posibles de la vida cotidiana: la moda, la forma de percibir la sociedad. Esto se quiere lograr mediante la cooperación de los ciudadanos particulares, a quienes el INPC solicita facilitar sus colecciones particulares y aún sus fotos familiares.
Todo ello ayuda a entender la cultura, hasta por la forma de celebrar una fiesta y al mismo tiempo se trata de proteger el testimonio gráfico pues las fotos que faciliten los ciudadanos serán digitalizadas para tener de ellos un respaldo informático además del físico. A quienes presten sus fotos se les devolverá acompañadas de un disco, también digitalizadas.
Más no concluirá todo con la recolección, sino publicarlas, ya sea en libro como en una página web.

El antiguo local del colegio Benigno Malo. (Foto: Archivo fotográfico del Banco Central).
“El proyecto, si bien aterriza en espacios físicos y edificados de la ciudad, pretende acercarse a los imaginarios de los ciudadanos, pues como lo plantea la antropología urbana, la ciudad es una construcción simbólica. Parafraseando a Armando Silva, lo que diferencia a una urbe de otra no es tanto su arquitectura, sino los símbolos que sobre ella elaboran sus propios habitantes”.(AVB)

