CONTAMINACION CULTURAL

Publicado el 2010/08/26 por Editorial



Hernán Abad Rodas

Como idealista pienso que el único recurso que le queda al ser humano, para ejercer en forma limitada su libertad, es la cultura. La que podría salvarnos del pensamiento único y de la homogeneización de las ideas, que son las bases sobre las que se edificado la globalización. El fortalecer las diferencias que caracterizan e individualizan a las culturas del mundo, es lo que nos redimirá de la catástrofe psicológica e espiritual, a la que nos está conduciendo el nuevo orden mundial. La conquista cultural comienza desde nuestros primeros años de vida, ya sea por parte de nuestros padres o de nuestros profesores al decirnos “tienes que ser alguien”, de tal forma que desde el momento de nacer, pasamos a la preparación para ser alguien. Para obtener este objetivo tenemos que conseguir dinero, poder, posición, premios, galardones o cualquier forma externa de identidad, que nos convenza a nosotros y a los demás de que somos personas muy valiosas. En la lucha por conseguir todas estas cosas, nos convertimos en adictos al proceso. Las dosis ya no satisfacen, y no duran mucho y, empezamos a ansiar más, nunca creemos que tenemos lo suficiente. En nuestra sociedad occidental se confunde el concepto de éxito, esta confusión ocasiona gran sufrimiento a nuestro ser y a nuestro mundo. Walter Cooper aporta duras palabras al respecto:”En ningún momento de la historia de la humanidad ha habido tantas almas traicionadas espiritualmente por la contaminación cultural en que viven”. Desde pequeños nos han enseñado a ascender la escalera hacia el éxito, de tal manera que como buenos muchachos vamos hacia la cima. El temor, el dolor, la lucha, la frustración, el vacío, son nuestros compañeros de caminata, en el trayecto nos encontramos cansados, sin rumbo, nuestros hijos se sienten con fundidos, se pierden en el alcohol y la droga; a pesar de tener recursos económicos, viven una sensación de escasez a pesar de lo mucho que acumulan, y en sus últimos años, cuando los individuos considerados exitosos llegan al último peldaño de la escalera que conduce al “triunfo”, se dan cuenta que ésta estuvo apoyada en al pared equivocada. El éxito no se mide por el conocimiento o la lealtad o la sabiduría, sino por la posesión de bienes materiales y por el número de ceros a la derecha en la cuenta bancaria. Con tan mezquina medida, el ser humano se ha degradado al extremo de que la vida vale lo que cuesta un sicario. El desastre social y cultural continuará, sino dejamos la televisión, abandonamos las revistas del corazón, y volvemos a las bibliotecas a leer, aprender y a reflexionar que tanta falta nos hace. Considero de vital importancia retomar la enseñanza, el respeto y la conservación de nuestros valores culturales; combatir sin tregua la corrupción y al autoritarismo, para conquistar nuestra verdadera independencia y dignidad como país, de lo contrario el sueño del “buen vivir”, seguirá siendo una pesadilla revolucionaria. Dios nos ha dotado de un espíritu con alas para permitirnos flamear, en el vasto firmamento del amor, la justicia, la solidaridad y la libertad. ¿No es lamentable vernos cortar estas alas por nuestras propias manos, o lo que es peor, por las de un dictador adicto al poder total, y aceptar que nuestra alma se arrastre por la tierra como un insecto?