Traerlas con exoneración de impuestos demanda muchos trámites y demoras en las aduanas
Los artistas chilenos Patricio González y Jorge Gaete cuando expusieron su obra en el Museo de Arte Moderno
Con alguna frecuencia, ocurre: este año, unas tres veces. Artistas extranjeros que querían exhibir sus obras en Cuenca, no han podido hacerlo. Sus trabajos nunca llegaron o tuvieron problemas para desaduanizarlos oportunamente. El último caso fue el de la artista colombiana Ofelia Rodríguez.
Algunos de los problemas pasan por la aduana y los complicados trámites para desaduanizar las obras ingresadas al país y que deben pasar por el control, aforo y registros aduaneros, que, a veces, duran mucho. Eudoxia Estrella y Viviana López, directora y funcionaria del Museo de Arte Moderno comentan. “La aduana se ha hecho terrible en el Ecuador; sus normas cambian casi cada semana y son muy complicadas”, dice López, responsable de llevar los trámites de ingreso de las obras.
En previsión, el Museo de Arte Moderno optó por traer las obras bajo la modalidad de “valija diplomática”, es decir, como si fuera un paquete destinado a las representaciones de los países amigos, acreditados en Ecuador.
Para esto, el Museo contacta con la Cancillería, a fin de que esta se comunique con su similar del país al que pertenece el artista, cuyas obras interesan. Mediante algunas gestiones, los diplomáticos del país amigo traen al Ecuador la obra de su artista dentro de los envíos a su embajada en Quito.
Con este sistema se agilita la llegada de las obras porque no tienen que pasar por la aduana. Hacerlo por la vía regular tiene sus complicaciones, especialmente si se quiere ser beneficiarios de la exoneración de impuestos.
Las funcionarias del Museo, una dependencia municipal, se quejan de que las normas son muy rígidas y los papeles, muchos, entre ellos el Registro Único de Contribuyentes (RUC). Como no lo tienen han utilizado el de la Municipalidad o el de la Bienal de la Pintura; en algún momento les han llegado a exigir copia del certificado de creación del Municipio.
Entre los requisitos que se exigen consta también la fotografía, el nombre y el valor de cada obra, de lo cual dependerá el pago de impuestos, si no están exonerados. A este debe sumarse el pago de los seguros de transporte.
Otro problema está en las agencias de transporte. La tardanza es casi inevitable. Para la Bienal de Pintura del año 2002, el artista puertorriqueño Jorge Zeno encargó la traída de su obra a una agencia, llegó el pintor, pero no la obra y eso que la envió anticipada. Para participar en la Bienal debió improvisar un trabajo sobre sacos de harina con pintura de aerosol.
El caso de Rodríguez, al parecer ocurrió porque ella desconocía los trámites que se exigían para ingresar con la obra. En el Museo se recuerda un episodio con la artista sueca Maya Rygaan; traer sus materiales costó 30.000 dólares entre trámites, impuestos y derechos.
Patricio González y Jorge Gaete, dos chilenos que hacen fotografía digital, también padecieron. “El Museo no estaba acreditado como importador en la aduana; la Sindicatura del Municipio tampoco pudo ayudarnos; el problema se solventó cambiando el destinatario de las obras, con ayuda de la Bienal de Pintura”, señala López.
En estos días se vive otro episodio del estilo: una escuela de Long Island , Estados Unidos, donó un mural a una escuela del Azuay; la obra ha llegado pero sacarla de la aduana está tardando. (AVB)
La versión de la aduana
Una obra de arte puede ingresar al país bajo dos sistemas, el uno, pagando los impuestos como cualquier mercadería; el otro, sin tributación, se llama “Internación temporal con reexportación en el mismo estado y régimen suspensivo de tributos”. Boris Coellar, gerente regional de la Corporación Aduanera Ecuatoriana (CAE), lo explica. Los bienes llegados al país bajo este amparo no pagan aranceles de importación, pero una vez cumplido el tiempo para el que se los trajo (para el caso, lo que dure la exposición), deben ser nuevamente enviados a su país de origen. Si bien no hay un arancel, sí exige el pago de una garantía, la que se devuelve una vez que la obra retorne de donde vino.
Un artista que traiga así una obra no la puede vender en el país; antes tendría que nacionalizarla para no cometer el delito aduanero de defraudación. Por eso se exige pagar una garantía, la cual se efectivizará en caso de una irregularidad.
Las obras de arte se las considera mercancía, pues son sujetas a tranza comercial y pueden ser objeto de robo.
En materia aduanera, “la ley es clara y rígida, no admite discrecionalidad”, precisa Coellar. Más los impuestos que se cobran son para repartirlos entre todo el sector público, incluidos los organismos culturales, dice. (AVB)