Las expresiones del Presidente de la República y del Presidente de la Asamblea Legislativa en torno del proyecto de Ley de Tierras devuelven tranquilidad al país ante el anuncio de que se experimentaría con una nueva reforma agraria. El primer Mandatario al ser consultado sobre el tema ha manifestado que todavía no conoce el documento y ha señalado un dato curioso: el proyecto no habría sido elaborado por una comisión legislativa sino por una organización no gubernamental. El titular de la Asamblea Legislativa-por su parte-ha señalado y con razón que la función social de la tierra es producir y que no es correcto hablar de cantidades fijas de terreno como base para una posible redistribución. Las condiciones de tenencia y extensión de la tierra en la Costa, la Sierra y el oriente, son muy distintas- ha acotado-diciendo con ello una verdad pues no es posible actuar con el mismo criterio en realidades distintas.
Luego del triunfo de la revolución cubana, empezaron a darse en América Latina una serie de procesos de reforma agraria, alentados por la experiencia cubana y los nuevos vientos políticos que soplaban en el mundo. El Ecuador no fue ajeno a esas circunstancias y también creó una reforma agraria que finalmente fracasó pues en lugar de generar una mayor producción terminó parcelando antiguas tierras productivas que en la mayoría de los casos y salvo excepciones se volvieron terrenos ociosos. El apoyo económico y técnico que era fundamental para que los nuevos poseedores de tierras las hagan producir, nunca se dio en medio de un Estado lento y extremadamente burocratizado. En no pocos casos se denunciaron y probaron tráficos de influencias y corrupción al momento de entregar las tierras, algunas de las cuales fueron a parar a manos de testaferros de algunos de quienes aplicaban la reforma.
El problema hoy en día no es el de la falta de tierras cultivables para quienes quieran hacerlas producir. El problema mayor sigue siendo la falta de apoyo técnico y financiero para que especialmente los pequeños propietarios puedan optimizar el rendimiento de sus parcelas. Fenómenos como el de la migración han conspirado también para que la falta de mano de obra sea extremadamente grave hasta el punto que existen extensas propiedades que no pueden ser trabajadas porque simplemente no hay quienes laboren en ellas. En esas circunstancias volver a pensar en una reforma agraria-camuflada con otro nombre- responde más a criterios ideológicos surgidos al parecer de alguna ONG antes que a la realidad y las necesidades del país, sin que eso signifique que no existan inequidades en la tenencia de la tierra .