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TRÁNSITO Y DISCIPLINA

30 agosto, 2010

El problema del tránsito es mundial, el crecimiento de la población que en medio siglo se triplicó y el mejoramiento de ingresos ha hecho que tener un vehículo particular se haya generalizado agudizan este problema. Hay impactos de gran dimensión como la contaminación ambiental; el calentamiento global aumenta, pero no disminuye el número de vehículos que generan gases nocivos; además el deterioro del aire en los centros urbanos afecta progresivamente a la salud de los habitantes y causa molestias. El creciente flujo obstaculiza la movilización con la consiguiente pérdida de tiempo para ciudadanos a quienes las exigencias de la vida obliga a actuar de prisa exigiendo mayor rapidez en la movilización.

A grandes problemas grandes soluciones se dice, pero en ciudades como la nuestra es posible mitigar esta situación con medidas pequeñas que dependen del comportamiento de cada persona. Existen infraestructuras y normas con este propósito, pero su cumplimiento deja mucho que desear. La semaforización es una importante ayuda, pero es necesario que siempre funcione y que si se da algún daño por excepción, cuanto antes se lo repare ya que de otra manera se genera situaciones conflictivas. Hay regulaciones claras sobre los lugares en las vías públicas en los que no es posible aparcar vehículos, pero el incumplimiento de las mismas es alarmante. Hay espacios en los que deben parar los buses, pero es frecuente que sus conductores lo hagan donde ellos quieren.

Hemos enumerado unos pocos casos, pero hay muchos más. Fácil es achacar a las autoridades la culpa por los problemas de tránsito, pero muy pocos piensan en que medida cada persona contribuye a incrementar el caos. Se habla de que las leyes son insuficientes, pero las leyes funcionan en la medida en que las personas acepten cumplirlas. Es evidente que con frecuencia la observancia de normas de tránsito ocasiona incomodidades, pero hay que aceptarlas ya que el bienestar colectivo debe estar por encima de las comodidades individuales. Quejarse es fácil ante problemas, lo que importa es que haya disciplina frente a las normas y considerar que los ciudadanos en buena medida somos responsables del desorden.