
Nuevamente los cuencanos se llenaron de orgullo, cuando vieron pasear por sus calles otra medalla olímpica, ahora en la categoría juvenil, obtenida en Singapur por Joel Villavicencio. Antes aplaudieron a Jefferson Pérez, doble medallista olímpico absoluto.
Las ansias por recibirlo aumentaban en el Aeropuerto Mariscal Lamar, especialmente de sus familiares, entrenadores, amigos y compañeros quienes expresaban su sentir mediante pancartas que enunciaba leyendas como: “Mote pillo, el hace campeones”, “Cuenca, Ciudad Olímpica”, “Azuayos, orgullo ecuatoriano”; además utilizaron globos, pétalos de rosas, banderines de la ciudad y el país, etc.
Entre los cientos de presentes se encontraron sus abuelitos: Rosa Toral, Fátima Valdivieso y Gregorio Merelo. Doña Rosa, mencionó que no hubo mayor regalo por su onomástico que la victoria de su nieto. “Ese es mi nieto, ese es mi nieto (…) que alegría me dan ganas de llorar por mi guagua”, exclamó orgullosa.
ENTRADA TRIUNFAL

El arribo de Villavicencio, estuvo previsto para las 08h45, sin embargo llegó 25 minutos después. La aeronave que lo trajo a “casa” recibió chorros de agua por parte de las motobombas de los bomberos aeronáuticos, un verdadero símbolo de su entrada triunfal.
Una sonrisa se dibujó en su rostro cuando subió a la parte superior del carro escalera del Cuerpo de Bomberos y observó a todos quienes comparecieron al recibimiento. Alcanzó a divisar a su padre e inmediatamente le pidió la bendición, sin importar el tumulto y entregó su collar de laureles a sus abuelos.

Algo aturdido todavía levantó su mano derecha como señal de victoria, agarrando su codiciado metal de plata que parecía lucir más con los rayos de sol que cayeron ayer, durante todo el recorrido, encabezado por los seleccionados locales de triatlón y ciclismo, quienes también fueron por saludar la actuación del triatleta Juan Andrade, Karina Bustos y Diego Acosta -que no vino con ellos porque actualmente compite en Estados Unidos- en estos Juegos Olímpicos Juveniles.
En el trayecto los cuencanos aplaudían sin cesar; mientras que otros tocaban las bocinas de sus vehículos. El recorrido que empezó en la base aérea, siguió las avenidas España, Huyna Cápac; para dirigirse posteriormente por las calles Mariscal Lamar, Antonio Borrero, Simón Bolívar y Benigno Malo y llegar al Salón de la Ciudad, donde los ofrecimientos no se hicieron esperar. (JMB)