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Movilidad humana

31 agosto, 2010

Azuayos y sureños continúan protagonizando las situaciones más dramáticas en la migración sin papeles, entre las cuales destacan los casos de Marcelo Lucero, Oswaldo Sucozhañay y el más reciente aquel de Tamaulipas en México, con el cañarense Freddy Lala Pomavilla. Esto de lo que podemos conocer generalmente debido a la difusión realizada por la prensa, pues muchos más pasan desapercibidos afectando únicamente al contorno familiar. Mientras tanto países receptores como Estados Unidos endurecen las medidas de control. No sólo en circunscripciones específicas sino de toda la nación, pues varios diputados han mencionado la necesidad de cambiar la Constitución, para anular la nacionalidad norteamericana que tienen los hijos de los ilegales nacidos aquí. Por su parte España, otro de los grandes destinos migratorios de nuestro continente, colmó su capacidad de absorción que le ha provocado el más elevado porcentaje de desempleo en la Comunidad Europea.
Las leyes ecuatorianas determinan el derecho ciudadano a la libre movilización, pero olvidaron señalar que debe hacérselo con respeto a las normas vigentes en cada región. Aquí radica esa enorme falencia con frecuencia causante de los dramas migratorios, en la cual se amparan autoridades y colectividad para transformar a los sin papeles en héroes o víctimas de la injusticia. Porque lamentablemente somos proclives a desconocer nuestras obligaciones, inclusive bajo la amenaza de castigos severos como la cárcel o deportación, tan frecuentes estos últimos cinco años. Pero hay otro error cometido en forma reiterada: perseguir solamente al traficante de personas conocido como coyote en nuestro medio, sin culpar también a quien le busca e inclusive ruega que le lleve hacia el extranjero. Migrantes que alcanzaron su destino jamás acusan ni se acuerdan del mismo y solamente le responsabilizan cuando el intento quedó frustrado.
Es hora de insistir en la creciente peligrosidad que encierra traspasar las fronteras, irrespetando las normas establecidas en cada jurisdicción. Esto les recordamos frecuentemente a los extranjeros deseosos de asentarse en Ecuador, pero nos hacemos de la vista gorda cuando los compatriotas buscan oportunidades allende los límites patrios. Ojalá algún día éstos se transformen en líneas imaginarias que no impidan la libre movilidad humana. Y el mundo sea la morada de todos sin la exigencia de papeles ni condiciones, con frecuencia humillantes e innecesarios. Hasta el momento sin embargo la propia condición humana lo impide al crear una serie de problemas como el narcotráfico, delincuencia, terrorismo, violencia. Por eso no queda otro camino que actuar conforme a las normas fijadas, para alcanzar un convivir civilizado.