Edgar Pesántez Torres
El viernes pasado, los propietarios de farmacias de la ciudad publicaron en este Diario una carta abierta dirigida al Presidente de la República y al Contralor General de la Nación, en la que, sustentándose en los postulados de la Constitución en sus artículos 264, 362, 363, así como en otros pertinentes a la Ley Orgánica de Régimen Municipal y Ley de Contratación Pública, sostienen que algunas entidades del Estado y particularmente el Municipio de Cuenca “ha desviado sus competencias, ha invadido las funciones de la Autoridad Sanitaria Nacional; y, se encuentra realizando una desleal competencia a las farmacias privadas…” Sustentándose en la Constitución y las leyes exhortan a las autoridades para que hagan cumplir los reglamentos, las ordenanzas y demás normativas que rigen el sistema de salud del Ecuador, evitando que sean utilizados para realizar proselitismo político.
Al concluir la administración del Ing. Marcelo Cabrera, nos permitimos valorar las acciones positivas cumplidas, aludiendo especialmente a Acción Social Municipal que presidió su esposa, doña Mireya Vélez, secundada eficientemente por la coordinación del señor César Guerra. Quienes estuvieron al frente de esta institución social fueron antípodas de otros departamentos, verbo y gracia ETAPA, en cuanto a su trabajo silencioso y fructífero, honrado y cortés, sin cuestionamientos. Cumplieron con los fines para los cuales fue creado Acción Social Municipal: autónoma, impulsadora y generadora de procesos de desarrollo con los más necesitados, activando diferentes áreas y dependencias de servicio social. Fue solidaria con casos especiales de enfermedad, asistió a cientos de personas discapacitadas con sillas de ruedas, brindó medicamentos gratuitos o a costos bajos, a muchos les insertó en la vida social y productiva. Con estos principios se creó Farmasol, uno de los mayores logros de la gestión municipal, que deplorablemente en tiempo de elecciones se transformó en puntal de la campaña electoral.
Los asesores percibieron que este modelo de servicio daba grandes réditos clientelares, lo que hizo que impulsaran el proyecto con nuevas sucursales, que hace que camine al monopolio en la venta de medicamentos, negocio muy rentable. Lo que fue un servicio para los más pobres, ahora es para todos, inclusive para los de economía pesada, quienes hacen cola para adquirir estos productos a bajo costo. La anuencia que dimos a este sistema no tenía la intención de perjudicar al servicio privado, que ha cumplido con la sociedad cuencana con eficiencia y sacrificio, sino apoyar la iniciativa municipal a favor de los más necesitados y no de los más listos.
Ciertamente que la competencia es desleal, ¿cómo puede competir las farmacias, boticas, droguerías con Farmasol?, cuando ésta por ejemplo recibe medicinas con un descuento hasta del 15%, sobre el precio del mercado para la venta al público, justificado en el Art. 163 de la Ley Orgánica de Salud. La infraestructura y el pago a empleados se desembolsan de los impuestos que hacemos todos; los servicios de agua, luz, teléfono y otros, son de nuestro bolsillo. Como si esto fuera poco, a las privadas se les exige una serie de compromisos, entre ellas de cumplir con los turnos nocturnos y días feriados, mientras la cadena de Farmasol solo trabaja horas hábiles.
Este “servicio” debe ser reformulado, porque como están las cosas se están tergiversando las políticas de servicio a la comunidad y lesionando los intereses de otros sectores. ¿Está cumpliendo con su inicial objetivo Farmasol?, o simplemente se ha convertido en un comerciante más, cuya función no es la que le corresponde al Municipio.