Mónika López Avilés
Según hemos consultado la palabra graffiti se “origina en el vocablo griego graphien que significa escribir. En latín evolucionó como graffito, siendo graffiti el plural de éste. Se dice que el graffiti se inició en los ’60 de siglo pasado en New York influido por la música hip hop, quienes firmaban en esa ciudad, en muros y debajo de puentes. Posteriormente se conoció de un joven griego llamado Demetrius, que trabajaba como mensajero firmando innumerable cantidad de veces al día en paquetes y documentos; muchos jóvenes lo imitaron firmando en los sitios mas difíciles y llamativos, copiando su firma que se leía TAKI 183, posiblemente de allí se originó inclusive la marca de tintas y rotuladores TAKER”. En el Ecuador en especial en la ciudad de Quito el graffiti tuvo excelentes momentos, cuando la creatividad y mas que nada la audacia irreverente de jóvenes puso de manifiesto cuestionadoras frases en contra de los políticos y otras que graciosamente jugaban con palabras para mostrarnos su “lectura especial” de los gobiernos. Son característicos también los graffitis de corte poético amoroso, que utilizan los muchachos para declarar a su amada sus sentimientos.
En Cuenca fueron hermosos los graffitis de Juancho Vinueza, que en los años ochenta y noventa nos hicieron pensar en nuestras hermosas aves y la naturaleza que debemos cuidar. Pero hoy el graffiti en nuestra ciudad se degeneró convirtiéndose en el más osado o atrevido acto vandálico en contra de los bienes patrimoniales religiosos y civiles. Algún personaje cuya educación y personalidad merecen seguramente una atención especial, se dedicó a escribir en las portadas de algunas iglesias mensajes de apoyo al aborto en el que se incluyen números de teléfono y términos groseros referidos a los símbolos tradiciones que otras personas tienen y que merecen respeto.
Encontramos por toda la ciudad una firma que según su trazo también se puede decir que es realizada por una sola persona y que invade portales, paredes de Iglesias y edificios del Centro Histórico. Cabe destacar también la indiscriminada propaganda adherida a paredes y cajas del servicio de teléfono, de conciertos, institutos educativos, y una gran publicidad de variado formato. Esto porque la gente ignora que vivimos en una ciudad patrimonio, es decir: una de las joyas de la corona del Ecuador, que lastimosamente no educa a sus ciudadanos a cuidarla. Y como si esto fuera poco, hoy tenemos además los adhesivos de las campañas institucionales adheridos en las puertas y paredes del mismo centro histórico, que completan la gran colección de agresiones.