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Tesis

9 septiembre, 2010

Napoleón Almeida Durán

Muchas veces he preguntado a mis alumnos universitarios sobre las motivaciones que les ha llevado a seleccionar carreras tan interesantes pero disímiles como diseño, turismo, historia y geografía o tecnología médica. Como la informal encuesta no dispone de variables, pues éstas se aplican para porcentualizar las respuestas estableciendo pirámides en función a “categorías” como grupos de edad, de sexo o de nivel educativo o “socioeconómico”, hay dos únicas que comparten más o menos un honorable cincuenta por ciento: “para defenderme en la vida” y porque me dió la santa (a su vez en un 50% con p) gana.

De una muestra de cien de estos estudiantes, la totalidad ha escrito tesis de bachillerato en “sociales”,“físico matemáticas”,“químico-biológicas”, “mecánica automotriz”, “agrozootecnia” e incluso “corte, confección y bordado”, sin contar con que hay algunos que las han ejecutado previamente a la obtención del título de licenciado en artes liberales, conservadoras, posmodernas o “cautivas”, o de ingenierías genética, química posindustrial o en “emprendimiento”, o investigaciones para recibirse de doctor o de máster de “cuarto nivel”.
Estableciendo un balance preliminar, es el pragmatismo, el deseo de sobrevivir en un mundo cada vez más competitivo, el pan de cada día al fin y al cabo, lo que cuenta incluso cuando alguien replica que desde que chupaba el biberón día y noche amaba ya la arqueología.

Ahora bien, en una universidad del primer mundo, verbigracia en una francesa, la “tesis” corresponde exactamente a la instancia que como concepto también figura en nuestro diccionario de lengua española de la Real Academia: “disertación escrita que presenta … el aspirante al título de doctor en una facultad”.

En la longeva parisina Universidad de “La Sorbona”, el certificado de licenciado recibe el estudiante luego de haber aprobado el segundo año de materias “generales” de una especialidad dada como etnología. Al finalizar el cuarto debe presentar un trabajo de ninguna manera especializado y que tiene el rango de “memoria”, lo que aquí llamamos un “avance”, para recibir la constancia de que ha alcanzado el grado de “maestro”; durante el quinto elabora un “dossier”, esto es, un expediente o propuesta para una verdadera investigación lo que le sirve de base para que reciba el testimonio de que ha aprobado el nivel d.e.a. , “ de estudios a profundidad”. Solamente a partir de este momento el postulante lobrega para praparar un documento, cuyo desarrollo normal es de unos tres años, denominado “tesis”, palabra que proviene de una raíz griega que significa “posición”.
Pocos días antes de la disertación, el candidato recibe una notificación de la Universidad que le señala que su jurado, de acuerdo al valor de la “tesis”, es de tres, cuatro o cinco miembros y sobre todo le indica que, de ser aprobado, el título de doctor le será conferido, o, lo que es lo mismo, el “permiso” de esa inmensa “alma máter” para emprender y dirigir proyectos de investigación de gran envergadura, que es lo que, en realidad sucede con un noventa por ciento de los doctores franceses.

Durante estos días de reflexión sobre cuestiones de educación superior en el Ecuador, resultaría saludable saber si los cambios que dicen advenirse están a la altura de un mundo global y tecnológicamente homogenizado o nos anquilosaremos en las ortodoxas e inalterables aspiraciones de épocas inmemoriales.