Publicidad Page Flip

NO HA DE PASAR NADA

9 septiembre, 2010

Mario Jaramillo Paredes

Ojalá yo esté equivocado pero creo que con respecto a los coyoteros y a los accidentes de tránsito, en pocos meses o semanas las cosas volverán a su estado inicial, es decir no pasará nada.
Lo que quiero decir con esta pesimista opinión es que ya en los últimos años ha ocurrido algo igual o idéntico. Cuando hemos tenido que lamentar la muerte o la desaparición de uno o varios compatriotas que trataron de emigrar y fueron engañados o mal tratados por los coyotes, el escándalo ha sido siempre mayúsculo y las declaraciones de las autoridades han dicho invariablemente que ahora sí se acabó esa modalidad de delito y que sus autores, cómplices y encubridores serán perseguidos y sancionados con todo el peso de la ley.
Y, los resultados están a la vista. Los coyotes siguen campantes, se esconden por unos meses, dejan de tener contactos hasta que las cosas se tranquilicen y luego vuelven con renovados bríos a recuperar el tiempo perdido. Nadie se explica-si no fuera así- que todos sepan dónde encontrar y cómo contactar con estos traficantes, todos menos quienes deberían atraparles, juzgarles y condenarles.
En el tema de los accidentes de tránsito por falta de control y por incumplimiento de las normas vigentes, lamentablemente el panorama es el mismo. Cada vez que hay un accidente grave como el último que mató a cerca de cuarenta compatriotas, es invariable la promesa de las autoridades en el sentido de que ahora sí se acabo la fiesta-como diría el Presidente de la República- y que de hoy en adelante esos controles serán rígidos. Fotos de policías revisando llantas y de autoridades paradas en los terminales terrestres, aparecen unos días y luego todos vuelven a la rutina de siempre, que significa que cada uno hace lo que le da su regalada gana.
Por ello es que el conductor que manejaba el bus que se accidentó y mató a cerca de cuarenta personas, podría decirse que paradójicamente es el menos culpable de lo que sucedió. Detrás del accidente están quienes le hacían manejar ocho o diez horas casi a día seguido. Quienes no revisaron las llantas lisas antes del viaje. Los que construyeron una barrera que no aguantó al bus y más bien le sirvió de rampa para que vuele. Los que permitieron que siga operando un bus que no tenía la revisión semestral. Los que construyeron una carrocería que no tenía la estructura apropiada En esa cadena de incumplimientos, el pobre conductor-lamentablemente también fallecido-es quizá el menos culpable.
Que en estos últimos días hayan empezado a perseguir a los coyotes y ya hayan cogido preso a un “sospechoso” es bueno. Que hayan empezado a controlar a los buses, es excelente. Pero la pregunta de siempre es ¿seguirán esos controles? o será solamente hasta que pase el escándalo. Yo me temo que sea lo segundo y por ello quisiera estar equivocado.