Los Amantes de Sumpa en pueblos milenarios

Publicado el 2010/10/04 por AGN



César Pinos Espinoza

La pintura en este museo ubicado en el cantón Santa Elena, provincia del mismo nombre, es hermosa e impresionante. Dice con detalle muchas cosas sobre nuestros primeros habitantes costeños de hace 10 mil años. El artista ha plasmado de modo correcto una escena cotidiana que los identifica plenamente entre los pueblos de América del Sur. Camino por las calles de esta ciudad alegre y calurosa y en el rostro de muchos habitantes veo a los Vegas.

No hay duda, la etnia estuvo dispersa a lo largo de una enorme zona que hoy corresponde a las provincias de Guayas y Santa Elena. Posteriormente sus descendientes poblaron hasta El Oro y Manabí. De acuerdo a las investigaciones incluso habitaron en la costa norte del Perú.

Las Vegas, 10 mil años de antigüedad

El sitio Las Vegas fue descubierto en 1961 por una expedición de la Universidad de Columbia, New York, bajo la dirección del investigador y científico Edward P. Lanning. El museo de sitio se encuentra hacia las afueras del centro cantonal y el Banco Central lo mantiene de excelente forma. Según los arqueólogos la cultura tendría entre 7 y 9 mil años de antigüedad, sin embargo, nuevos estudios en 1990 dijeron que el primer asentamiento de Las Vegas fue hace 10 mil años.

Karen Stothert, antropóloga norteamericana, en 1972 determinó que se trata de una proto-cultura, lo cual ha sido aceptado por las universidades de Stanford, Yale y Harvard. Entonces, piso en el sitio funerario más importante del Ecuador, el entierro llamado “Los Amantes de Sumpa”. De la llamada “Civilización Caral”, en el norte de Lima, Perú, se dice algo similar en cuanto a antigüedad. Luego, es posible que las dos culturas–dado que los nuestros fueron expertos navegantes–incluso se relacionaron en algún momento. En los museos vemos algunas muestras de concha Spondylus, y como sabemos, este fue un elemento de mucho valor para nuestros ancestros costeños.

Valdivia, pueblo laborioso y admirable

Qué lindo es todo esto, en el traslado de un lugar a otro no se siente ni hambre ni cansancio, ni molesta el calor. Los buses para viajar de Santa Elena a Valdivia son pobres y creo que sus propietarios no están en condiciones de tener sus vehículos como manda la ley y como es lógico, sólo les preocupa que anden como sea y tener pasajeros. Llegamos a Valdivia. Buscamos el museo y sin dificultad lo encontramos. No parece museo sino una casa cualquiera con unos cuartos en donde se exhiben piezas al parecer antiguas, aunque no hay que olvidar que en esos lugares la gente es muy hábil para fabricar objetos exactamente iguales a los antiguos, es decir, “figuras recién envejecidas para americanos”, como dice la canción de Piero. En todo caso, es un museo de buena voluntad y apasionamiento por parte del dueño.

Valdivia es una cultura arqueológica precolombina que se desarrolló entre el 3500 a. C. y el 1800 a. C. en la costa ecuatoriana entre las provincias de Manabí y Santa Elena, una de las áreas más secas de nuestro litoral. Es la cultura más antigua de agricultores sedentarios y ceramistas del Ecuador y una de las primeras de Sudamérica, aseguran los entendidos. Dicen que vivían del cultivo de maíz, fréjol, yuca, calabazas, achira y algodón. De modo que la achira no ha sido exclusiva de Girón y otros rincones serranos. También eran pueblos cazadores, especialmente de venados, pescadores en mar abierto y recolectores de moluscos y crustáceos en playas, manglares y esteros.

Jocay fue una gran ciudad manteña

En América del Sur la presencia del hombre data de hace treinta mil años aproximadamente, la hoya amazónica era un inmenso lugar de bosque seco, lo que debe haber facilitado la expansión del hombre, no adaptado aún a la selva tropical. Por su parte Valdivia dio paso a la cultura Machalilla y luego a la Chorrera, transmitiéndoles muchos elementos culturales, especialmente aquellos relacionados con la innovación en la cerámica. Recién conozco que Jocay, hoy bajo la moderna urbe de Manta, era la gran ciudad manteña precolombina, que según el milanés Girolamo Benzoni (1550), viajero en América en los primeros momentos de la conquista, habría tenido más de 20 mil habitantes, de los cuales encontró solamente 50, cuando la visitó.

Según nuestro amigo y ex compañero de aula colegial, el arqueólogo Ernesto Salazar González, de magníficos estudios en Europa y Estados Unidos, “el único arqueólogo que logró ver las ruinas de la ciudad fue Marshall Saville (1907), quien señala la existencia de restos de ‘cientos’ de casas y muchos montículos-probablemente tumbas- dispersos por todas partes. Jijón y Caamaño, que también la visitó, sólo pudo ver montones de huesos humanos apilados selectivamente, por cráneos, mandíbulas o piernas, reducidos a su mínima expresión”.

Pueblos que desaparecieron calladamente

De los “Amantes de Sumpa” se han dicho muchas cosas: que fueron jóvenes, que murieron juntos no se sabe por qué causa, que estuvieron solidarios en la muerte…De estos casos en la vida moderna también se dan cuando existe el auténtico amor. Pero esos jóvenes jamás se imaginaron que llegarían a ser tan famosos en la ciencia y la arqueología, pues el hallazgo causó conmoción en el mundo entero. Hoy reposan en una vitrina. En el sitio se descubrieron cerca de 200 osamentas, constituyendo el cementerio más grande de América de esa época, según manifiesta un documento del Banco Central.

La desaparición de los habitantes costeños es un misterio. Posiblemente fueron víctimas de las enfermedades traídas por los extraños, o a lo mejor huyeron al interior, es decir, calladamente se hundieron en la noche de los tiempos, para luego reaparecer en los rostros y figuras de miles de modernos habitantes de la costa que hoy vemos.