¿Hay ciudadanía en Ecuador?

Publicado el 2011/10/22 por Editorial



Marco Salamea Córdova

Análisis político

Si según una concepción contemporánea de ciudadanía esta se define en torno a la posesión de derechos, por parte de las personas, es necesario completar el tema de los derechos con el ejercicio de las responsabilidades ciudadanas.

Más concretamente, la presencia de las responsabilidades como componente de la ciudadanía conlleva la presencia de un cierto nivel de preocupación por lo público por parte de las personas.

En este marco, habría que distinguir la ciudadanía como concepto jurídico (o como condición legal), de la ciudadanía como una condición política. Si como condición legal, la ciudadanía hace referencia a la pertenencia de las personas a una comunidad política particular, la ciudadanía en su dimensión política hacer referencia a la participación de las personas en dicha comunidad, participación de la cual dependerá la calidad de la ciudadanía.

Si en una primera visión, entonces, la ciudadanía designa la pertenencia a un Estado nacional; en una segunda visión la ciudadanía se funda en el derecho a participar, directa o indirectamente, en la gestión de la sociedad. Al decir de Carl Schmitt, en su obra teoría de la Constitución: “El concepto de ciudadanía pertenece a la esfera política. El ciudadano en democracia es citoyen, no particular o burgués”.

Se trata de una visión de la ciudadanía, por tanto, alejada del modelo de ciudadanía individualista, en el que los “ciudadanos” asoman como autónomos o ajenos a la comunidad y vida política; por lo que es una visión que se vincula a un modelo republicano, en el que la actividad política es presentada como la forma más elevada de vida común.

A tenor de esta definición de ciudadanía, podemos señalar que en el Ecuador actualmente no hay propiamente ciudadanía; no sólo porque las personas conceden más valor a la familia, a su profesión o a otros asuntos de la vida privada, sino porque la organización de las personas y su participación en la vida pública o política es mínima. Y esto sucede en plena época de “revolución ciudadana”; pues da la impresión de que, paradójicamente, se pretendería fortalecer esta a costa de debilitar la organización autónoma de la ciudadanía y su participación real en los procesos políticos; a contracorriente del carácter democratizador y ciudadano que posee la Constitución.

Hasta tanto, seguiremos siendo principalmente un país de meros habitantes, pobladores o electores.