En la independencia

Publicado el 2011/11/02 por Editorial



Hugo Darquea López.

Los pueblos hispano americanos, desde 1809 desarrollaron su proceso fundacional, ya que a partir de ese tiempo se constituyen como naciones y estados libres. Al menos esa fue la tesis que los próceres abrigaron con determinación heroica. Este proceso comienza aquí, el 10 agosto de 1809, con el primer grito de la independencia, continúa el 9 de octubre en Guayaquil, hasta nuestro 3 de noviembre; así se forma el llamado triángulo de la libertad. Esta etapa es la del tiempo de la confrontación que culmina en el 24 de mayo de 1822. En el cuadro institucional Cuenca mediante el llamado Consejo de la Sanción, que es nuestra Asamblea Constituyente, proclama el 15 de noviembre la Constitución de la República de Cuenca, en cuyo texto de 55 artículos, los diputados presididos por José María Vázquez de Novoa, establecen las normas fundamentales de la República. Con visión de estadistas delimitan los poderes del nuevo estado y así determinan la función ejecutiva o de gobierno y la del Senado de Justicia, que corresponde a l función judicial; se establece la Junta de diputados y los organismos de control. En la mentalidad de la época, proclamar el Estado republicano, significa de suyo una transformación de grandes e inagotables efectos; se inscribe en el cambio sustancial de la mentalidad prevaleciente, que aún pese a la ya consolidada República Estadounidense y a la Revolución francesa de 1789, seguía perviviendo en el siglo XIX; realmente significó superar el concepto del absolutismo tradicional de las monarquías y el sistemas cerrados de castas, para iniciar la etapa del Estado de Derecho con los principios de las libertades ciudadanas, de la seguridad jurídica y de la igualdad ante la ley. Una lectura humanista de la Independencia, nos lleva a comprender que América en su gran definición, es el escenario propicio para la dignidad humana. No se puede en estos pueblos sino pensar en la definitiva superación de los dogmatismos y de las formas diversas de esclavitud o de servidumbre; porque América y nuestra América Latina en particular, por su conformación cultural está destinada a definir los procesos cívicos más representativos de los derecho fundamentales de la persona y de la sociedad. Es en esta perspectiva que lo acontecido hace ciento noventa y un años nos debe llevar a rescatar lo mejor de nuestra condición humana y concretar los procesos sociales en que los ciudadanos sean realmente los sujetos auténticos del Derecho. Por eso, en la médula de la independencia, el aliento de la democracia en su plenitud política, social y económica, es su designio integrador. Ni monarcas ni señores absolutos, solamente una sociedad fundada en la dignidad humana es su meta ideal. [email protected]