PODER ELECTORAL

Publicado el 2011/12/08 por Editorial



Imposible concebir una democracia sin un poder electoral que, con neutralidad, se encargue de garantizar estos procesos en los que se expresa la voluntad del pueblo en el cual reside el poder al margen de las cualidades o defectos de los gobernantes. La organización de esta institución es compleja por cuanto las elecciones, aparentemente simples, no lo son ya que deben llevarse a cabo en las regiones más lejanas, pero además es esencial la imparcialidad y honestidad de sus integrantes frente a las diversas organizaciones políticas que aspiran a captar las dignidades. Lo ideal es que quienes participan en elecciones sepan perderlas, pero se dan casos en los que hay quienes buscan el poder por caminos no sanos.

En nuestro país, sobre todo en la primera mitad del siglo XX, el fraude electoral se estableció como práctica general. Los que se encontraban en el poder, en buena medida considerando que eran los únicos poseedores de la verdad y el bien, recurrían a estas estratagemas viciosas para evitar que accedieran personas de ideologías diferentes a las que se las consideraban depositarias del mal y del error. La revolución, que ha pasado a la historia con el nombre de Gloriosa, eliminó definitivamente este fraude y en los espacios de democracia que hemos vivido, las elecciones han respondido al pronunciamiento popular, más allá de las diferencias, a veces enconadas, de las posiciones políticas.

Para garantizar la limpieza, los tribunales electorales estaban conformados por personas pertenecientes a diversas organizaciones políticas cuyos integrantes tenían como uno de los propósitos salvaguardar los perjuicios de los que podían ser víctimas. Esta modalidad ha dado buenos resultados. La nueva conformación del poder electoral elimina esta condición y sus integrantes acceden por concurso, pudiendo darse el caso que todos pertenezcan a una misma organización. Bien está que se dé importancia a la capacidad, pero preocupa que se omita la diversidad de tendencias mediante la cual, el hecho de que los integrantes destaquen los intereses de sus respectivos grupos, lleva a que no se den irregularidades basadas en ideologías dominantes.