Varios cantones azuayos buscan trabajar en forma conjunta. Cinco están unidos ya para el tratamiento de la basura; cuatro acaban de suscribir un convenio destinado a manejar agenda conjunta durante las festividades de carnaval. Son dos objetivos específicos pequeños aún en su dimensión social y económica, pero que podrían ampliarse en el futuro hacia metas más trascendentes, como la distribución presupuestaria, planificación, vialidad, riego, electrificación, obras de infraestructura básica en general. Es decir un complejo de necesidades cada vez más insatisfechas porque dependen exclusivamente de las asignaciones estatales, que apenas alcanzan para los gastos corrientes. Por eso la necesidad de acudir a créditos nacionales e internacionales, que requieren sin embargo capacidad de recuperación, lo cual se torna imposible con la fragmentación geopolítica existente. Y es que sólo las capitales provinciales están en capacidad de endeudarse, provocando concentración y centralismo interno, tantas ocasiones criticados desde los propios sectores provinciales, aunque sin solución hasta el momento. Hay varios proyectos destinados a cambiar la actual división territorial con una visión más unitaria, que en su momento despertaron entusiasmo, pero luego pasaron a engrosar los archivos de la función legislativa.
En Azuay y el país resulta preocupante constatar como las grandes ciudades adelantan cada día, en lo material y humano, mientras las poblaciones pequeñas se estancan e inclusive retroceden, pese a lo cual continúan creándose provincias, cantones y parroquias, que no cumplen los requisitos mínimo exigidos por la ley. En esencia esto se debe al impulso caudillista y cacicazgos inveterados, al igual que el errado concepto sobre descentralización. Porque en nuestro medio dicho proceso se conceptúa sólo como manejo discrecional de los recursos fiscales, con incapacidad total para generar recursos propios. Eso es paternalismo puro, no precisamente desconcentración al estilo de otros países en el continente y el mundo.
Respecto al empeño por superar esta tendencia minimalista territorial, los gobiernos provinciales o prefecturas tienen papel importante como elementos cohesionadores, especialmente a través de la planificación. Algo se ha hecho en Azuay, aunque el año pasado varios proyectos se frenaron por el distanciamiento político de su titular con el gobierno nacional. Por eso debemos alentar cualquier intento destinado a unificar esfuerzos integracionistas seccionales, por más pequeños que fueren, para superar los problemas comunes que afrontan sus integrantes. A la vez pedir a los líderes y autoridades deponer intereses particulares o partidistas, en bien las comunidades a las cuales afirman servir. Imposible desconocer que se trata de un proceso largo, complicado y con frecuencia frustrante, pero indispensable si queremos llegar a la meta del desarrollo económico y social, que hemos anhelado desde siempre.