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CUBA CAMBIA DE RUMBO

6 febrero, 2012

Juan F. Castanier Muñoz

Hace pocos días se llevo a cabo en La Habana una Conferencia Nacional del partido comunista cubano, a la cual asistieron cerca de 800 delegados. Este congreso extraordinario, el primero de este tipo en más de cincuenta de años de existencia del partido, tiene por objeto, según el diario oficial Granma, “acelerar el desarrollo de la sociedad y afianzar los Lineamientos Económicos y Sociales…a partir del concepto de que no hay ideología sin economía”. Raúl Castro, quien “apadrina” la iniciativa, hizo un fuerte llamado a modificar “la mentalidad” partidaria “atada a dogmas y criterios obsoletos”, llamado que tiene que ver con dos temas que son centrales en este encuentro. Uno, sobre la necesidad de establecer límites de tiempo en los cargos oficiales, y otro que tiene que ver con la división de poderes.
Sobre el primer punto, la idea es fijar en dos periodos de 5 anos, como máximo, para los gobernantes, lo cual significa un cambio rotundo del modelo que hasta hoy ha primado en la isla, donde Fidel, por ejemplo, se mantuvo más de cuarenta años en el poder y cuando se retiro, por motivos de salud, puso en manos de su ñaño la conducción de la nación. En el segundo aspecto, la intención apunta a separar el funcionamiento del Partido Comunista de las acciones que despliegan las autoridades del gobierno, lo cual constituye otro “viraje” radical pues, hasta ahora, las decisiones del partido y del gobierno han sido una sola.
En este conclave se ha encargado también a los delegados la difícil tarea de renovar el partido único, promoviendo la representación de personas más jóvenes, de mujeres y negros, sectores que hasta hoy, inexplicablemente, han estado relegados de las posiciones de poder. En la inauguración del evento, el vicepresidente cubano, José Ramón Machado Ventura, de 81 anos, uso impactantes frases como cuando dijo “pongamos el máximo empeño en despojarnos de esquemas mentales obsoletos, de la inercia y viejos prejuicios”. Por otro lado, en los últimos tres años, los cambios aplicados por el gobierno cubano contemplaron, entre otros, una apertura al trabajo privado en 181 oficios, la reestructuración de la agricultura al repartirse tierras estatales ociosas y la eliminación de viejas prohibiciones en cuanto a la compra y venta de electrodomésticos, autos y viviendas.
¿Qué dirán ahora los gobiernos latinoamericanos que utilizan al gobierno cubano como una especie de cachiporrero de la banda de guerra?, ¿cuál será la reacción de Ortega, Chávez y Morales, que han movido cielos y tierra para instituir en sus respectivos países la reelección indefinida?, ¿qué pensaran ahora aquellos gobiernos que siguen los lineamientos de la isla cuando allá en La Habana se está debatiendo la independencia entre el accionar partidario y la ejecutividad del gobierno?. Parece que los ejemplos de Mubarak en Egipto, de Kadhafi en Libia y del actual gobernante de Corea del Norte, que acaba de “heredar” el mandato de su país, no terminan por llamar la atención a ciertos aprendices de dictador.