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Cambios curriculares en la “U”

13 febrero, 2012

Edgar Pesántez Torres

La Universidad de Cuenca es memoria de la emancipación intelectual de sus habitantes. El 18-X-1867 el presidente Jerónimo Carrión decretó su fundación. El 8-I-1868 se instaló la Junta Universitaria de la entonces Universidad del Azuay, cuya orden del día fue el discurso de su Rector, doctor Benigno Malo, hombre de letras, demócrata liberal y estadista. El primer Rector delimitó el espíritu universitario y marcó su derrotero: “Para Cuenca, señores, se abre hoy una gran época de progreso, un orden de cosas enteramente nuevo. Entregada así misma en el importante ramo de la instrucción publica; teniendo en sus manos sus propios destinos universitarios, y libre de las ataduras que a veces detenían el vuelo de su genio, ya nada puede impedirle que llegue a la altura de las civilizaciones más avanzadas”.
La Universidad es la institución más visible y genuina de la región, mucho de lo que ella ha hecho se refleja en la actual sociedad. Es concebida como el “Alma Mater”, expresión latina que se lo aplica con toda propiedad. “Alma” es el femenino del adjetivo “almus”: nutricio, amamantador, bien hecho. “Alma Mater”, equivale entonces a madre amamantadora o madre nutricia, de ninguna manera a “Alma Madre”. En latín alma es “animus”. De ahí el disparate de un improvisado “teacher”, cuando moteó a alguien de “Alma Pater”: padre amamantador… Nadie más que la Universidad para ser la formadora íntegra de los educandos, porque si no es el “Alma Mater” que modela y sella a los suyos, solo será un estanque masivo expendedor de títulos inválidos.
Las nuevas tecnologías, deidades del consumismo, no avanzan aún a derrotar a los dioses de siempre. La Universidad de Cuenca, sin quedarse anclada en tradicionalismos, pero sí con una filosofía de “tradición y renovación”, preserva viejos valores que han coadyuvado a construir una cultura como patrimonio de la humanidad, debiendo ser al mismo tiempo motor y energía del cambio científico, social y cultural. También está a la vanguardia de la conciencia para reconocer su papel en la dinamia de la vida desde una visión microscópica y panorámica, aplicar lo que es y situarse a la altura de las circunstancias. Bien hacía un pensador chino cuando se interrogaba: “¿Cómo podré hablar del mar con la rana si no ha salido de su charca? Si la Universidad no es ciencia y docencia no es nada, pero sí solo es eso es un simulacro. Ella debe abrirse a su contorno, a vincularse con la sociedad.
Hoy la Universidad enfrenta un reto impuesto, para lo cual debe fundamentar su pensamiento con innovación y creatividad. El trabajo por un nuevo plan curricular de las careras debe ser una selección cultural, integrada de procesos, contenidos y métodos/procedimientos que demanda la sociedad en esta época. Ojalá que no se siga con la tendencia de realizar regateos de forma más que de fondo, donde no es raro encontrar a neófitos que proponen mudas curriculares reducidas a cambiar asignaturas por otras, a modificar el nombre de disciplinas, actualizar contenidos, cambiar objetivos por logros y, recientemente –lo que propone la LOES–, logros por competencias… Debe ser la oportunidad para hacer un cambio sustantivo, en donde se advierta un abordaje curricular tendiente a relacionar el mundo educativo con el mundo de la vida, con unos fines específicos para formar un tipo de hombre que hará que esta sociedad sea más diferente que otras.