Historia de la creación del Gualaceo está ubicado al Nororiente de la provincia del Azuay y al Noreste de la ciudad de Cuenca. La parroquia urbana o cabecera cantonal lleva el mismo nombre, y está dividida en las parroquias rurales Remigio Crespo Toral, Daniel Córdova, Mariano Moreno, San Juan, Zhidmad y Jadán. Gualaceo es el pueblo más antiguo de la provincia del Azuay. En el año 1540 fue uno de los primeros asentamientos españoles, debido a la existencia de lavaderos de oro en los bancos marginales del río Santa Bárbara. La fundación del antiguo pueblo de Gualaceo le correspondió a Pedro Bravo, comisionado por el Oidor y Visitador general del Distrito de Quito en 1537; el sitio escogido fue el de las alturas del Cancay. A esta localidad se la bautizó con el nombre de Santiago, a su río principal con el nombre de Santa Bárbara, y al río que desemboca en este último, frente al pueblo, con el de San Francisco. La primera referencia escrita sobre Gualaceo data del año 1540 fecha en la cual llega el encomendero Rodrigo Núñez de Bonilla, quien había recibido una encomienda en este territorio por parte de Francisco Pizarro. Los nombres de los poblados y de los ríos hacen referencia a la preferencia religiosa de los fundadores, pero también se respetaron los nombres toponímicos cañaris, puesto que estos lugares eran parte de la nación cañari habitada mucho antes de la invasión incásica. Gualaceo conservó su nombre toponímico cañari aunque fonéticamente se produjeron variaciones, puesto que se lo conocía con el nombre de Gualasio, que luego derivó en Gualaxeo y Gualaceo. En los documentos coloniales también aparece escrito Gualasseo, Wualazeo y, finalmente, en el documento de la Independencia aparece como Gualaceo. En cuanto a su fundación no existe un dato concreto, y más bien se toma como referencia la orden emitida por el Virrey del Perú, Hurtado de Mendoza, de establecer un asiento minero para la explotación aurífera en el río Santa Bárbara. Esto dio lugar a que se asentaran españoles en la zona, y creen un caserío que luego se convertiría en villa y, posteriormente, en cantón. Gualaceo ascendió a parroquia eclesiástica en 1757, bajo la protección del apóstol Santiago Mayor. El censo de la población del Gobierno de Cuenca, practicado en 1778 (junio a septiembre), señala que la población de Gualaceo ascendía a 11.503 personas, y enumera los anejos de la parroquia: Jadán, Sígsig, San Juan, Sértag. En 1820, la provincia de Cuenca contaba con Gualaceo como una de sus parroquias. Al año siguiente, el Comandante de la plaza de Cuenca, Tomás de Heres, divide la provincia en cantones nombrando Comandantes, Jefes Políticos, Regidores y Alcaldes. Es entonces cuando Gualaceo, por esa fecha solamente una parroquia eclesiástica, queda designada cabecera del cantón del mismo nombre. En 1824 (23-25 de junio), por Ley Colombiana, se crea la provincia del Azuay, con los cantones de Cuenca, como capital, Gualaceo, Cañar y Girón. Más tarde este cantón pasará a la categoría de Villa de la República de Colombia, en agosto 18 de 1825, por Decreto del Senado y la Cámara de Representantes, reunidos en la ciudad de Bogotá, luego de llenar los requisitos legales requeridos según los artículos 15 y 16 de la Ley de División Territorial. Posteriormente, en la primera constituyente del Ecuador en 1830, se ratifica que la provincia del Azuay, con su capital Cuenca, está conformada por los cantones antes citados. En los archivos municipales del cantón Gualaceo se perdieron los documentos originales de la creación de cantón; según personeros municipales, esta pérdida se produjo como consecuencia del levantamiento subversivo de los indios que atacaron a la población y a la Casa Municipal en 1922, lo que provocó un incendio que destruyó archivos y enseres. El 9 de agosto de 1922, después de estos sucesos, el gobernador de la provincia, Dr. Manuel María Borrero, reorganizó la administración municipal del cantón y dio inicio a la reinauguración del mismo, durante una reunión citada por la autoridad provincial, conjuntamente con el jefe político del cantón, a la que accedieron los consejeros municipales de entonces y un número considerable de ciudadanos. En esta primera sesión inaugural, después del levantamiento indígena, se acordó nombrar a un nuevo presidente y vicepresidente del concejo, se pidió al tesorero un arqueo de cuentas, se mantuvo en los cargos a los empleados municipales y se reemplazó al comisario que había incumplido con sus obligaciones (ver anexo N. 2, que transcribe la sesión de esa fecha).
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